La tribuna

Antonio Romero Moreno

El pacto: un paso en la solución de la crisis

DESDE el comienzo de la crisis, la Economía Social andaluza viene abogando por el diálogo social como instrumento necesario para aportar soluciones consensuadas a los retos a los que nos enfrentamos.

Entendíamos entonces, y entendemos ahora, que no hay medida encauzadora que no necesite de un amplio respaldo social si se quiere que ésta sea efectiva y no hay mejor marco para ello que el determinado por el diálogo social. Diálogo, precisado de un liderazgo claro y resuelto, que se debe de realizar con amplitud de miras y en la búsqueda permanente del bienestar colectivo y no de intereses espurios y coyunturales.

Podemos estar satisfechos de que ambas circunstancias se hayan vuelto a producir. Ha habido voluntad de consenso y altura de miras por parte de todos los agentes sociales y, por otra, el Gobierno ha ejercido un liderazgo decidido a lo largo del proceso de diálogo. Es imprescindible y necesario el impulso de los poderes públicos a unas reformas concretas a corto, medio y largo plazo; al igual que lo es la actuación leal y corresponsable de los agentes sociales.

La dureza de la crisis y sus efectos en nuestra realidad social y económica hacen necesarios cambios estructurales de calado; grandes reformas que sólo se pueden realizar entre todos. Es la fórmula, ya ensayada con éxito en otros tiempos críticos que nos precedieron, para podernos enfrentar a la actual coyuntura económica y social y configurar el futuro que deseamos. Estamos muy necesitados de concordia en el esfuerzo y confianza. Además, la inmensa mayoría de los ciudadanos sólo van a entender, abrumados por la crisis que no provocaron, que se les digan las verdades con claridad por parte de los agentes sociales y políticos y, consecuentemente, se les llame a compartir un esfuerzo de superación comparable al que aupó, al principio de nuestra joven democracia, un país en vías de desarrollo hasta puestos de primer mundo.

Tras los acuerdos alcanzados a nivel del Estado por el Gobierno, los sindicatos y los empresarios se ha cerrado definitivamente un pacto que abarca no solamente la reforma de las pensiones, sino también ciertas políticas activas de empleo, negociación colectiva y el diseño futuro de la política industrial y la energética.

No ha sido fácil. A las consabidas diferencias iniciales sobre pensiones se unió, en los últimos momentos, los distintos criterios de bonificación a los contratos a tiempo parcial. Al final se ha logrado el acuerdo definitivo que vuelve a dar sentido al diálogo social. Por cierto, diálogo que durante esta legislatura y, cuando más falta hacía, no había dado fruto alguno dentro de la mayor crisis que hemos conocido.

En definitiva y, tal como apuntábamos anteriormente, es un gran acuerdo que con un adecuado desarrollo y la lealtad y corresponsabilidad de todos puede ser un instrumento muy importante para superar la actual coyuntura económica y social y transmitir la confianza necesaria que genera el pacto alcanzado. No es que cambien las cosas de hoy para mañana, pero si puede suponer dotar a este país de la necesaria concordia y confianza como para poder tener un futuro inmediato mejor.

Desde la Economía Social andaluza debemos hacer un llamamiento para que el diálogo social siga siendo la senda por la que caminemos en aras de una economía supeditada a las personas. Productiva y real. Sostenible, en definitiva. Algo que en cierta medida se echa en falta. Pues se están adoptando reformas del mercado laboral, del sistema financiero, de las pensiones e incluso se han sentado las bases para unas políticas energéticas más eficientes; todas ellas reformas imprescindibles. Pero continuamos anclados a un sistema económico muy mediatizado por una economía alejada de las personas.

Debemos de caminar hacia un nuevo modelo productivo. Nos referimos al necesario cambio que debe situar a la economía sobre los cimientos del conocimiento y la innovación, con herramientas respetuosas con el medio ambiente y en un entorno que favorezca el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social. El cambio del modelo productivo trasciende las posibilidades de un solo Ejecutivo, de una sola ley, y las de un solo periodo legislativo. Requiere de un compromiso amplio, permanente y sostenido en el tiempo; de un conjunto muy variado de iniciativas normativas; de acciones y hasta de nuevas pautas sociales. Además, todo debe hacerse desde el consenso que debe de salir del diálogo social y donde tanto tiene que aportar un sector como el de la Economía Social que lleva de forma inherente la sostenibilidad en su forma de hacer empresa.

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