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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Los nuevos republicanos

La proclamación de una III república no añadiría ni un gramo más al peso del bienestar moral y material de los españoles

Como es tradición navideña, el coro de los tenores nacionalistas ha entonado sus críticas al discurso de Nochebuena del Rey. Sin embargo, en esta ocasión los gorgoritos han tenido una intensidad de berrea, paradójicamente (o no tanto) el año en el que hemos asistido a la mejor alocución navideña del Monarca en su primer lustro de reinado. Pocas veces se escucha un discurso regio (género que por su propia naturaleza institucional suele tender al bienintencionado peñazo) tan fibroso y directo, de ahí el escozor que ha producido en batzokis y castells.

No repetiremos las palabras del Monarca ni las airadas contestaciones. Para quien guste, ahí están las hemerotecas e internet. Pero sí nos interesa resaltar que quien con más mala baba ha cargado contra Felipe VI ha sido ERC, el partido que en estos momentos está negociando con el PSOE para dar su apoyo a la investidura de Pedro Sánchez. En los inicios del procés, alguien vinculado a los círculos intelectuales de la izquierda morada mostró su confianza en que el problema catalán se resolvería con dos "conquistas" del gusto de la siniestra (incluidos amplios sectores del PSOE) y el mundo soberanista: el federalismo y la república. Nada nuevo bajo el sol: durante buena parte de los siglos XIX y XX toda la acción de la izquierda posibilista española estuvo enmarcada dentro de la alianza republicano-socialista, justo la misma que ahora resucita el candidato Sánchez más por interés personal que por convicción. Por lo que se ve, lo del PSOE del 78, el de González-Brandt, ha sido un espejismo en el devenir patrio. Gran paradoja: los jóvenes socialistas, los mismos que jalean la memoria histórica, han olvidado nuestro pasado. Por ejemplo, no recuerdan que el republicanismo de antaño era un regeneracionismo, una manera de reivindicar mejoras que sólo han sido alcanzadas con razonable éxito durante el actual periodo monárquico: libertades, educación universal, derechos laborales... No es ningún exceso decir que, hoy por hoy, la proclamación de una III República no añadiría ni un gramo más al peso del bienestar material y moral de los españoles, no traería una sociedad más justa y próspera, sino un mero un cambio en el modelo de la Jefatura del Estado. Es decir, otro sillón a repartir. Quizás es eso lo que buscan estos nuevos republicanos, criados en las universidades del orondo Estado del bienestar, el que trajo el 78 con todos sus condimentos, entre ellos la Corona.

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