El pinsapar

Enrique Montiel

De nuevo Alemania

 LA actualidad me devuelve a Alemania. Hace algunos artículos recordaba sus iglesias reconstruidas, sus calles reedificadas. La voluntad de ser ha hecho posible el que hoy sea, y el cómo es. Merkel no es un espejismo, es alemana. Y si viniera otro de la socialdemocracia, el socialismo, los verdes o la izquierda más agreste, tendrían en común con la actual Canciller esa voluntad indomeñable de ser, alemanes. Por ejemplo eficaces, o eficientes. Las dos cosas. Digo que las imágenes de los bosques levantinos ardiendo me han traído al recuerdo la Selva Negra. Y también Galicia. En Galicia, concretamente en Doniños, el lago me separó de un incendio pavoroso. Ardía el monte de enfrente al atardecer y al anochecer seguían las llamas consumiendo hectáreas y hectáreas de pinares, una tea el monte. Es aterrador el bosque ardiendo y enseguida uno se percata de lo que arde, lo que muere, lo que desaparece delante de nuestros ojos.

Pero la cabeza tiene sesgos misteriosos, superpone, enreda, revuelve. Y así se han alternado delante de mis ojos el estupor del bosque valenciano ardiendo con esa naturaleza humanizada que es la Selva Negra, los caminos que zigzaguean hasta las cumbre con miradores, los merenderos y la plantilla de técnicos forestales egresados de los centros de formación profesional. No son guardas forestales, son técnicos. No sólo vigilan los bosques, también los limpian de maleza, ponen a punto los cortafuegos, evitan el peligro de un incendio fatal, están siempre allí, de un lado al otro, sin perder ojo. ¿Son muchos? Los necesarios. Alemanes.

En Galicia aprendimos -a palos- de la necesidad y la urgencia de contar con una fuerza contra incendios de acción inmediata. Ahora, ¿qué hemos aprendido? Por si le llega a usted, quien sea que sea usted, el que manda en esto: Alemania. Digo que vaya usted a Alemania, a la Selva Negra, y en Friburgo, Baden-Wurtember, pregunte por su Schwarzwald y suba al Feldberg, casi 1.500 metros, para ver un bosque vivo, atendido, que late. Y que no arde...

Duelos y quebrantos, junto a las alegrías universales de unos jóvenes que han hecho historia. La Roja. España. Ayer moría Camarón. Cantaba: Con el tiempo se pasan los desengaños / entre alegrías y penas pasan los años. Lo suscribimos. Pero ya ha pasado el tiempo del desistimiento. Ahora no podemos, ni debemos, pasar ni una. Y lo primero preguntar cuánto dinero han destinado los gobiernos valencianos a la prevención de incendios forestales en los últimos años. Más que nada para compararlos con otros dineros de los contribuyentes gastados de aquella manera. Porque a alguien habrá que pedir cuentas, a alguien habrá que echar de la gobernación para siempre si se demuestra que fue negligente, si fue un inútil que no supo ver que un incendio debe ser atajado. Inmediatamente.

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