Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Tu nombre me sabe a hierba

En San Antonio cabe cualquier pamplina que se le ocurra a Paco Cano, Alba del Campo o a cualquier asesor de turno

La hierba es para los campos de fútbol. Que coloquen unos tepes, creo que así se llaman, sobre el enlosado de la plaza de San Antonio es una pamplina del nivel de traer una pista de hielo sin hielo a la misma plaza. El Equipo de Gobierno, tan ecologista, ¿no tiene pena porque se vayan a morir todas esas plantitas verdes colocadas sobre la plaza? No tienen corazón. Al fin y al cabo las plantas son seres vivos lo que ocurre es que no sabemos si tienen sentimientos porque no hemos sido capaces de alcanzar un grado de desarrollo tal que seamos capaces de descifrar como se comunican. Si hay gente que le habla a las macetas, si hay quien piensa que con música los geranios crecen mejor, igual la hierba tiene sentimientos. Ya saben la anécdota de aquel español que llegó a Inglaterra y al ver una pradera enorme preguntó ¿cómo hacen ustedes para tener esto así?. Es muy fácil, contestaron, se corta y se riega, se corta y se riega, así durante 500 años. El problema de la hierba de San Antonio es que de aquí a nada se habrá secado y a lo más que servirá es para que se la fume el personal, como aconsejaba Juan Carlos Aragón en Los Yesterday. Está muy bien la fiesta de la primavera, la del otoño, la del verano y la del invierno (¿sería esta la Fiesta del Frío?). Es fantástico celebrar los solsticios y los equinocios como si fuéramos los antiguos celtas o si estuviéramos en Sotonehenge o en Saqsaywaman, como si nos asomásemos al Cabo Norte o al de Buena Esperanza a la espera de rendirle culto a la naturaleza, el frikismo trae esas cosas, sustituye los dioses antiguos por los dioses nuevos, como dicen en Juego de Tronos, con la gente a la espera de una conjunción planetaria o vaya usted a saber. Dirán los capillas que la fiesta de la primavera es la Semana Santa, con los naranjos en flor, el aroma a azahar, sus imágenes de paseo por las calles, unas con pasitos cortos y otras a horquillazo limpio, según gustos. Como San Antonio es muy grande y vacío cabe cualquier pamplina que se le ocurra a Paco Cano, Alba del Campo o el asesor de turno que precise justificar el motivo por el cual percibe unos generosos emolumentos del erario sin haber sido seleccionados por su capacidad. Algunos chavales harán como si estuvieran en el Bois de Boulogne o en Hyde Park a los sones de Karim y Cadipsonians bajo la atenta mirada de Fran González que escruta el panorama desde la fachada de la sede de su partido. Flower Power en plan San Francisco, sin Janis Joplin. Juan Ortuño y yo, cuando éramos concejales, sabíamos que era primavera cuando Alberto Grimaldi se quitaba la corbata, ahora hay que ver si han puesto la hierba. Menos trabajo y más carnaval.

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