La niña que no ríe

Greta Thunberg, con un cuadro psicológico complejo y unos padres irresponsables, tiene fobia a pasar desapercibida

La otra Greta, la inmortal Greta Garbo, se ganó el apelativo de 'la mujer que no ríe' debido a sus papelones dramáticos en los que mantenía el rictus serio con la sola excepción de Ninotchka, película en la que suelta una carcajada. Como todo el mundo sabe se retiró joven, a los 36 años, en la cumbre de su carrera, dice la leyenda que para que no la viéramos envejecer. En su última entrevista atajó al periodista marchándose con un "a qué preguntarse" cuando aquél apenas había comenzado diciéndole: "yo me pregunto…". Tenía fobia social o era profundamente tímida o estaba herida por un padre alcohólico o era demasiado grande. Sólo quería que la dejaran en paz.

Quizás porque todos pensamos en la Garbo cuando escuchamos Greta, nos quedamos desconcertados cuando aparece la otra Greta, Greta Thunberg, la niña que no ríe y que en su expresión desasosegante nos muestra el abismo de lo que puede ser su futuro cuando las cámaras dejen de hacerle caso. Ésta, al contrario que la actriz, parece tener fobia a pasar desapercibida y ha tenido la mala suerte de que sus padres y los medios de comunicación le hagan caso, le roben la niñez y la conviertan en un futuro juguete roto. Con un cuadro psicológico complejo y unos progenitores irresponsables Greta se pasea por el mundo abanderando la guerra contra el cambio climático, dirigiendo prédicas contra gobernantes, frunciéndole el ceño al mismísimo Trump, entonando salmos responsoriales de los que se hacen eco todos los medios. Y el mundo infantilizado no sólo le hace caso a sus rabietas, sino que la iguala a ponentes, sesudos estudiosos y políticos que forman partes de las célebres cumbres en las que se lanzan manifiestos, pero nunca se decide nada con determinación y coraje.

No me imagino a los padres de Greta diciéndole: "niña, ponte a estudiar", explicándole que si quiere defender una causa grande o pequeña lo primero que tiene que hacer es formarse y escuchar. No me los imagino impidiéndole a su hija perder clase por importante que sea la causa climática que quiere defender. No me los imagino protegiéndola del engreimiento, de la vulnerabilidad de estar expuesta a la crítica, no me los imagino más maduros que su propia hija. Ya están 'preparando' a su otra hija, Beata, para que defienda la igualdad de género y abandere la guerra contra la estructura patriarcal. Si yo pudiera les enseñaría a defenderse de sus propios padres.

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