Purificación Gzlez De La Blanca

De motosierras en el parque, Avifauna y La Palma

La despiadada e ignorante motosierra ha vuelto a hacer de las suyas en el Parque Genovés. Siguiendo instrucciones del área de Urbanismo en coordinación con la Sra. teniente de alcaldesa del Área de Medio Ambiente y Limpieza, acaban de talar una higuera centenaria que, al parecer, estaba catalogada por Urbanismo. Tal vez sea la última higuera que quedaba en Cádiz, otras ya fueron taladas. No ha quedado ahí la cosa. La motosierra también ha acabado con un espectacular eucalipto existente en el lugar. Y van a por las buganvillas.

El pretexto es el derribo de la tapia existente entre el Parque Genovés y el parking. Hace años que, además de alegaciones al PGOU, AGADÉN mantuvo conversaciones con el ayuntamiento sobre el tema, advirtiendo que de llevarse a cabo el derribo del muro se perdería toda la vegetación de umbría de ese borde del parque, como los almeces, además de la centenaria higuera y el eucalipto ya destruido, entre otras distintas especies. Parecía que habían llegado a un acuerdo en ese sentido, pero ya vemos que no. No barajaron la opción de abrir unos accesos en el muro, en lugar de derribarlo. Es más fácil talar todo lo que se pone a su paso.

Es manifiesto el desconocimiento existente en nuestro ayuntamiento sobre el mundo vegetal y sobre lo que cuesta que un árbol se desarrolle, el desprecio por árboles tan representativos de las culturas mediterráneas como la higuera o el olivo (poseerlos era considerado como un regalo de los dioses), y la ligereza con la que en unos minutos se acaba con una vida que tardó, como en este caso, un siglo en desarrollarse, y que fue respetada por numerosas corporaciones municipales. Esa higuera vivió durante el reinado de Alfonso XIII, durante la dictadura de Primo de Rivera, durante la segunda república, durante el franquísmo, durante la llamada democracia y reinado de Juan Carlos I... Hasta que llegó este ayuntamiento y decidió su exterminio. El eucalipto talado también era un extraordinario ejemplar. Una pena. No se trata de plantar nuevos árboles sino de respetar los existentes, porque son patrimonio de todos los gaditanos y porque conservarlos no es una concesión a los ecologistas sino una obligación de este ayuntamiento.

Por favor, no sigan con sus talas.

El número de especies de aves que se pueden observar en el mismo Cádiz es espectacular. Me enseñó mucho sobre ellas nuestro querido Fernando Solís, que ya hace tres años que nos falta. Pensaba en el tema porque frecuentemente cuando llego a Cádiz, al atardecer, me sobrevuela un bando de flamencos. Eso es calidad ambiental... Y un goce para los sentidos.

Y en invierno es un lujo poder ver esa cantidad de aves invernantes que llegan a la Bahía. Durante esa estación podemos descubrir en un espacio tan reducido como La Caleta numerosas especies, como el correlimos tridactilo, el vuelvepiedras, el zarapito, el cormorán, la garceta, variedades diversas de gaviotas y golondrinas de mar... Y si observamos detenidamente cada charca, cada poceta, de las que aparecen al bajar la marea descubriremos un sinnúmero de pequeños animalillos acuáticos: sapos, camarones, erizos...Todo un mundo. Desde el mismo Hotel Atlántico hemos visto a un martín pescador, lanzándose en picado al agua para coger a sus presas.

Por otros lugares de la Bahía podemos ver alcatraces, zampullines, garzas reales, garzas imperiales, avocetas, cigüeñuelas, correlimos... o los preciosos combatientes (Philomachus pugnax), muy vistosos los machos, con grandes gorgueras de plumas y moños auriculares, que varían de unos a otros. Los machos se exhiben compitiendo unos con otros sobre un área especial de terreno para impresionar a las hembras. Es decir, allanan un trozo de tierra, como un ring, sobre el que entablan una lucha incruenta por la hembra (a las hembras no se les ocurren estas tonterías).

Un día me trajeron a casa la maravilla de las maravillas, que con el viento había chocado contra un edificio. Era un calamón o gallo azul (Porphyrio porphyrio), una especie muy amenazada. Una belleza de plumaje azul con el pico y las patas rojas. Este ejemplar solo necesitaba reposo y alimento y en unos días fue liberado. Había varios de ellos en la laguna de Torregorda, que a punto estuvo de ser desecada por Acciona. De hecho inició su desecación, pero intervinimos directamente ante Medio Ambiente y logramos que retiraran la grava que ya habían echado. Me encogió el corazón ver a un calamón acorralado entre los restos de un saco de cemento, la grava y lo que quedaba de agua junto a la carretera. A los pocos días uno apareció muerto, tal vez éste. No nos consta que nadie respondiera de tanto despropósito, de tanta ilegalidad.

En el mismo Cádiz podemos observar otras numerosas especies, de paso en sus migraciones. Un día, camino del trabajo, encontré en la acera del edificio de El Balandro, el ala de una paloma. A los dos días me topé en el mismo lugar con un correlimos común muerto. Era algo extraño. Llamé a Fernando, que descubrió que un halcón peregrino, que se encontraba de paso, se había instalado durante unos días en ese edificio.

Y es que Cádiz es un impresionante observatorio ornitológico, que no valoramos en su justa medida. El turismo ornitológico, que tanto cuidan en Reino Unido (por poner un ejemplo) es un sector de lo más rentable. ¿No se pensó en ello?

Eran treinta y un naranjos los que talaron en la calle de La Palma, con el falso pretexto de siempre: que estaban enfermos. En la calle más típica de Cádiz, los naranjos fueron sustituidos por palmeras washingtonias, que además de haberse convertido en una plaga que nace por las cunetas y trepa por los montes, no tienen nada que ver -como su propio nombre indica- con Cádiz ni mucho menos con la calle de La Palma. Los vecinos siguen recordando a sus naranjos, y así me lo han hecho saber. Yo también los echo de menos. Cada vez que paso por ahí es como si recibiera una bofetada. A nuestra calle La Palma parece que la hubieran ubicado en Kansas City, en lugar de en Cádiz. Un despropósito. Por muy cerca que tengamos la Base de Rota...

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