el catamarán

Rafael Navas Renedo

El momento cumbre

TODAVÍA no se sabe ni el día que va a ser y ya hay quien ponen pegas a la Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica que se celebrará el año que viene en Cádiz con motivo del Bicentenario de la Constitución de 1812. Si los gaditanos somos escépticos (no lo podemos evitar) y derrotistas (esto último deberíamos hacérnoslo mirar, que diría Peces Barba), hay alguien que nos ha superado y ha sido el presidente de Bolivia, Evo Morales, que ha desenterrado el hacha de guerra contra el viejo imperio porque en su país debe tener problemas mucho menos importantes. Que no venga a la cumbre ese señor argumentando que no piensa rendirle pleitesía al Rey don Juan Carlos no debe preocuparnos. Un cubierto menos. Hay, efectivamente, asuntos más importantes en estos momentos de cara a esa cita. Principalmente, cómo vamos a llegar a ese día aún por señalar en el calendario.

Porque Cádiz tiene ante sí uno de los mayores retos de su historia, que la pondrá a prueba y determinará en gran parte la imagen que de ella se tendrá durante muchos años en el exterior. Es una clara oportunidad para vender la ciudad a nivel internacional y también un arma de doble filo si las cosas no se hacen y salen bien. Descartado el aeropuerto en la playa de la Victoria, no tengo claro que los coches oficiales vayan a llegar a través del nuevo puente. Lo que sí es seguro es que llegarán como sea y que con ellos vendrán más coches. Que quienes en ellos viajen salgan contentos días después, es la cuestión. Tenemos que sacarle todo el partido posible a aquellos equipamientos que estén listos (no tendrá sentido lamentarse de los que no lo estén) y aprovechar, aunque suene a tópico, nuestro principal activo, que es la hospitalidad.

Una cumbre de jefes de Estado es, como su propio nombre indica, un asunto de Estado. Por eso es obligado que el Gobierno de la nación se vuelque al máximo con la ciudad de cara a esa cumbre, en la que está en juego la imagen de Cádiz pero también la de todo un país. El que viene será un año difícil, otro más, y el compromiso adquirido para que la ciudad sea sede de la mencionada reunión, el momento cumbre del Doce, es una buena excusa para empezar a remontar el vuelo. Habrá que hacer frente a muchas de las carencias que existen con imaginación y esfuerzo, pero también con dinero. El suficiente como para que la cumbre sea todo un éxito y, aunque tal vez no sea la mayor de las cumbres, sí sea una de las más recordadas. A partir de ahí, como con el resto de actividades organizadas para conmemorar el Bicentenario, habrá que aprovechar la inercia para que, dentro de un año, todo lo que se celebre no quede reducido a un fugaz acontecimiento perdido en nuestra memoria.

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