ANDALUCÍA ni puede ni debe mantenerse al margen de la crisis institucional que sufre España desde hace diez meses con un Ejecutivo débil e interino. Tampoco de la crisis de partido que en la última semana ha golpeado al PSOE, abriendo una preocupante brecha en la militancia y cuestionando incluso el papel que ha de desempeñar para garantizar la estabilidad y la gobernabilidad del país. La federación andaluza estaba llamada a formar parte de la solución y así empieza a dibujarse tras la dura negociación y dimisión final del secretario general con que culminó el pasado sábado una de las jornadas más convulsas que ha vivido el PSOE en su historia reciente. Como avanzó la presidenta andaluza en la víspera del Comité Federal, queda un largo camino para "coser" y "conciliar" el partido, recomponerlo como alternativa creíble de gobierno y para demostrar, a nivel interno pero también de cara a los votantes y a todos los ciudadanos, que son los intereses del país los que marcan la hoja de ruta. Tanto en la toma de decisiones a nivel orgánico como en sus posicionamientos estratégicos de cara a desactivar unas terceras elecciones.

El primer paso es, sin lugar a dudas, recuperar la unidad y el consenso perdidos para poder estar a la altura y asumir la responsabilidad que un partido centenario como el socialista ha de desempeñar ante el grave escenario de parálisis que vive el país. Para tal desafío, no hay más camino que el del diálogo, la prudencia y la moderación. No es momento de ambiciones personales -aunque legítimas-, sino de construir una postura sólida y sensata que pueda explicarse a la opinión pública y de establecer las alianzas necesarias que permitan la regeneración y el avance del país. Incluso desde la oposición. En Andalucía, la receta de la moderación ha sido clave desde los comicios de 2015 no sólo para garantizar la estabilidad del Gobierno que Susana Díaz forjó gracias al pacto con Ciudadanos, sino también para evitar que los movimientos políticos en Madrid tuvieran un efecto dominó en nuestra comunidad. La mejor muestra de ello es que los puntos del acuerdo para la también difícil investidura de Susana Díaz se están cumpliendo -recordemos que necesitó 81 días y hasta cuatro intentos para ser elegida presidenta-, sacando adelante iniciativas de enorme calado y beneficio para los andaluces como la bajada del IRPF o la supresión del Impuesto de Sucesiones. Por eso, lejos de plantearse como una amenaza, habría que saludar el acercamiento del PP y Ciudadanos de las últimas semanas si realmente el objetivo es sumar y contribuir al desarrollo de la comunidad a través de los Presupuestos de 2017 con propuestas viables en fiscalidad, sanidad, educación o infraestructuras. Diálogo y moderación: es la receta en Andalucía y debe ser la receta en España.

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