🍨🍨 La Ibense de Sanlúcar no cierra

Yo te digo mi verdad

No mires arriba

Los sanitarios no pueden más y son miles o decenas de miles los que están pensando en adelantar su jubilación o colgar la bata

No es que considere una obra maestra la película de Adam Mc Kay cuyo título se cita arriba, pero en cierta manera retrata la lamentable realidad que nos vive. Un grupo de científicos intenta alertar al mundo de que un cometa va a chocar irremediablemente contra la Tierra, mientras los medios, las redes y los políticos los toman por locos y entretiene al personal con amoríos de cantantes muy reconocibles, escandalitos púbicos y manipulaciones electoralistas del peligro arropadas por intereses económicos.

Lo que sigue no es la película, pero miren si se parece: la pandemia avanza a galope, aunque parece que mitigada en sus efectos letales, pero con una consecuencia muy dañina para el sistema público de salud. Los sanitarios no pueden más y son miles, decenas de miles tal vez, los que están pensando en adelantar su jubilación o, sencillamente, colgar la bata. Se quejan, se lamentan, gritan, se desgañitan exponiendo su sangrante situación, odiando la profesión a la que una verdadera vocación les llevó un día, abandonados y maltratados por los políticos responsables sanitarios y atacados por los exigentes usuarios.

Nos encaminamos al colapso del sistema, uno de los pilares básicos de nuestro siempre deseado Estado del Bienestar, los expertos lanzan miles de voces de alerta, y mientras, la gran polémica con la que se quiere sacar los colores al poder es la rotura de un disfraz en una cabalgata de Reyes. Hay incluso algún 'político' que, envalentonado, se ha lanzado, cómo no, a pedir la dimisión de una concejala por eso. Con ese baremo, terminará pidiendo su ejecución pública si la pillan en un desfalco.

También hay millones que se ponen muy serios y graves, apocalípticos diría yo, cuando un demasiado sincero ministro de Consumo reitera una verdad avalada por la realidad: que las macrogranjas son más contaminantes y producen una carne de peor calidad que la ganadería extensiva, una práctica que muchos gobiernos europeos, y algunos autonómicos en España proponen de hecho combatir o al menos limitar. No cuenta el elogio que Garzón ha hecho de las granjas tradicionales, la oposición se hace en ellas vídeos de falsa indignación, pocos han leído las declaraciones completas del ministro, y nadie parece recoger el guante de debatir sobre los perjuicios que causan las grandes explotaciones intensivas al ya maltrecho planeta, es decir, al agro supuestamente defendido.

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