Al ver que arreciaban las críticas por su comentario, a Eva Tubío se le ocurrió decir que se burlaba del yihadista detenido en Marruecos, cuando planeaba atentar en Sevilla esta Semana Santa. La dirigente de Ganar Cádiz pudo cortar por lo sano y admitir que sus palabras no fueron afortunadas, pero sería pedir demasiado. En lugar de hacer autocrítica, lamentó el "afán por desquiciarlo todo". Conste que nadie pilló su chiste. A saber: la delegada de Cultura y presunta responsable municipal de la Semana Santa gaditana, se preguntó: "El yihadista no había mirado el Aemet, no?" Este fue el mensaje tan sembrao que colocó en Facebook, aludiendo a la tromba que hizo que las hermandades decidieran no salir. "Se puede bromear", se defendió altivamente.

Si este mismo comentario lo firma cualquier otra persona con dos dedos de frente y cierto prestigio, le despellejan vivo. En cambio, hay que reconocerle a ella su habilidad para que estas chaladuras le salgan gratis. Y encima señala a los graderíos como responsables de su desvarío. No cabe duda de que Eva Tubío es la viva estampa del milagro gaditano. Mucho se ha escrito del sueño americano y de las infinitas posibilidades para alcanzar la cima en EEUU. ¿Pero no podríamos decir lo mismo de nuestra tierra? Además, en EEUU, como en la vecina Francia, para triunfar hay que estar bien preparados. Y aquí no hace ni falta. No sólo llegan a la meta aquellos que se dejan la piel persiguiendo sus sueños. Aquí, el que se lo proponga también puede alcanzar la gloria, por muy estrechos que sean sus pensamientos y por más limitada que sea su experiencia profesional, siempre que se maneje con el aparato de los partidos. ¿Dónde estaría Eva Tubío si no fuese por la política? ¿En que momento comprendió Ganar Cádiz que había nacido para ser concejala de Cultura? Son los misterios de la humanidad. Y en su caso tiene doble mérito, porque en su formación hay gente preparada para defender Cultura o cualquier otra parcela. Y de hecho, estos días han sido sus compañeros de Podemos como Álvaro de la Fuente o el propio alcalde, José María González, los que han realizado su tarea de representación de paso en paso, para cumplir con la tradición y no perder el favor de las cofradías. Con ello, lo increíble no es que Tubío diga las cosas que dice, lo increíble es que esté donde está. Una parcela, la de la Cultura, en la que la falta de recursos técnicos y humanos dice poco de su gestión.

Podría haber dirigido la delegación de Playas o cualquier otra, por coherencia. Pero elegir aquella en la que no cree no se entiende, a no ser que sea para torpedearla desde dentro. Los activistas son más provechosos en las plazas que en los ayuntamientos. O igual es que su modestia le impide expresarse con toda su bondad. Sea lo que sea, no pasará a la historia por ahora como colaboradora en el gobierno del Ayuntamiento. También es delegada de Vivienda y apenas se enteró. Tubío, al parecer, aún no se ha convencido de que los votos que le llevaron a San Juan de Dios no son de adhesión inquebrantable, sino más bien de protesta e indignación contra el bipartidismo. La misma indignación que ella provoca incluso entre sus socios cuando le da por contar chistes malos.

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