La tribuna

FRancisco Ferraro

El mercado y el deseo de ser queridos

ADAM Smith es reconocido como el padre de la ciencia económica y el referente fundamental de la escuela clásica de economía por su obra La riqueza de las naciones publicada en 1776. Pero su fama proviene quizás en mayor medida por ser identificado como el fundador de una doctrina, el liberalismo económico, que con su metáfora de "la mano invisible" sitúa al mercado y la libre competencia como los mecanismos que, junto con la división del trabajo, promueven el progreso material y maximiza el bienestar general de la población. Como expone en un pasaje muy conocido de esta obra, "no es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas". Por ello, la imagen de Adam Smith se identifica con la puesta en valor del egoísmo, del materialismo, del capitalismo desconsiderado, de la ausencia de moralidad.

Sin embargo, Smith era antes que nada un profesor de filosofía moral, un hombre de vida recta y mesurada, que no ambicionaba riquezas y que se ocupó de las reglas que deben limitar y ordenar la conducta humana. A ello dedicó La teoría de los sentimientos morales, su primera gran obra, aunque escasamente conocida, y cuyo comienzo es sumamente revelador de sus intenciones: "Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de éstos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla".

En esta obra Smith expone sus principios de filosofía moral tratando de dar respuesta a lo qué significa vivir bien y cómo hacer para conseguirlo. Plantea que los humanos, además de resolver nuestras necesidades materiales, queremos ser apreciados, deseados, valorados, amados por nuestro entorno social; pero "no sólo ser amados sino amables"; es decir, más allá de conseguirlo a través de cualquier argucia, queremos ser dignos de ser amados. Para ello tratamos de comportarnos de acuerdo con los criterios morales que dicta el "espectador imparcial", una figura imaginaria que es consciente de la moralidad de nuestras acciones, y que nos hace ver que actuar solo por nuestro interés es miserable, que tener a los demás en cuenta es noble, y que seremos rechazados por nuestro entorno si perjudicamos a los demás por nuestros intereses. No es a Dios a quien imaginamos juzgándonos, sino a otro ser humano o, más bien, a la parte de la sociedad que nos concierne (familiares, amigos, compañeros de trabajo, conocidos). Deseamos ser reconocidos, aprobados y amados por quienes nos rodean, y nuestros criterios morales surgen de la experiencia de ser aceptados o rechazados según nuestro comportamiento. Cuando nos ganamos el reconocimiento de los demás por ser respetables, honorables, generosos y amables entramos en lo que Smith identifica como una vida feliz.

Estos criterios morales no son estáticos, sino que están histórica y socialmente determinados. Smith describe cómo la interacción de nuestros comportamientos individuales es la que va determinando la moralidad de una sociedad. Tendemos a aplaudir los comportamientos honorables y censurar los deshonrosos, con los que vamos creando incentivos a comportamientos morales y a crear confianza mutua, lo que está en la base de la civilización.

La teoría de los sentimientos morales y La riqueza de las naciones son libros que pueden parecer incompatibles y corresponder a dos autores o, cuando menos, a dos momentos muy diferentes de la vida de Adam Smith en los que se habría producido un rotundo cambio de enfoque en su interpretación del mundo. Sin embargo, la primera la publicó en 1759 y la segunda en 1776, pero La teoría fue revisada varias veces, la última en 1790 con una revisión a fondo del texto que hoy conocemos sin cambiar nada de sus fundamentos. Entonces, ¿cómo conjugar a los dos Smith? Entendiendo que se refiere a dos ámbitos de la vida: La riqueza de las naciones trata sobre la vida material en la que se relacionan personas anónimas y desconocidas a través de los bienes y servicios en el mercado y en la que cada persona persigue su propio beneficio,mientras que en La teoría de los sentimientos morales se refiere a la vida íntima, a las relaciones cercanas entre las personas del entorno en las que se persigue la satisfacción de ser querido. En ambas obras se valora la ambición (de mejorar, innovar, producir) como una virtud que ayuda a "embellecer la vida humana".

En resumen, el libre mercado promueve el progreso material y el deseo de ser amado el progreso moral.

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