Tres menas

Se apela a los sentimientos para hacer lo que rechaza el sentido de la oportunidad, el decoro y la justicia

Como un solo hombre, los bienpensantes han elevado su grito desde todas las tribunas a su alcance: ¡Pedro Sánchez prepara el indulto a los secesionistas condenados por el 1-O! Sin duda, lo peor de la pésima idea, que puede acabar de sepultar al PSOE en las terribles encuestas de estas semanas, es la cínica apelación al mero sentimentalismo, es decir al fin del espíritu de "venganza" y de "revancha" que, al parecer, supone el cumplimiento de la justicia más tibia frente a personajes sin escrúpulos dispuestos a hacer saltar la convivencia entre españoles. Nada que objetar, uno mi protesta a la de los indignados ante la penúltima trapacería del malísimo Sánchez.

Ahora bien, esos mismos bienpensantes, desde las mismas tribunas, formaron la tremolina hace sólo unos días porque Vox anunció su decisión de dejar de apoyar al gobierno de Moreno Bonilla si este aceptaba el envío a Andalucía de un contingente de menas, trece concretamente, de los acogidos en Ceuta tras el conato de invasión desde Marruecos. También aquí se apela como único argumento a los sentimientos para hacer lo que rechaza el más elemental sentido de la oportunidad, del decoro e incluso de la justicia. ¿Cómo puede organizarse un traslado de niños marroquíes a la Península casi al mismo tiempo que se protesta airadamente del asalto orquestado por Marruecos y mientras los padres de muchos de esos niños engañados y utilizados intentan localizarlos y hacerles regresar a sus casas? Es evidente que no estamos ante un problema humanitario sino ante una cuestión de principios en la que los españoles, y especialmente los andaluces por razón de proximidad, nos jugamos no mucho, todo.

Vox ha encontrado en este asunto no un pretexto, un motivo de fondo para mostrar su incomodidad con un Gobierno que, a cambio de su apoyo imprescindible, no ha cumplido nada sustancial de los acuerdos alcanzados para hacer posible la investidura de Juanma. Sabe que su electorado, y no digamos sus bases, están hartas de tragar incumplimientos y desprecios, de soportar el maltrato de los medios institucionales de la propia Junta. Sólo el peligro muy real de que el PSOE pudiera volver a gobernar ha sujetado las ganas de decir hasta aquí. El nuevo ciclo político que se anuncia, que tanto debe a la irrupción de Vox, impulsa y facilita una nueva actitud, reflejada en la sustitución de Hernández por Gavira, que debiera llevar cuanto antes a las elecciones que, esta vez sí, supusieran un verdadero cambio.

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