Cine madariaga

Kiko / Cuadrado

El marqués de Villaquisiera

HACE "muy poco", la friolera de 63 años (cuando un servidor todavía no era ni proyecto de niño) se estrenó, no en el Madariaga, sino en el popularísimo Cine Callao de Madrid, la película El Marqués de Salamanca, que reconstruye la vida de Don José de Salamanca y Mayol, famoso banquero y político español del reinado de Isabel II, un caballero de los llamados de sangre azul.

Sobre lo de sangre azul existe una teoría, más o menos creíble: durante más de cinco siglos, los moros gobernaron parte de España. Hubo mestizaje, pero ciertos aristócratas españoles no se asociaron con los moros y vivieron aislados en las montañas de Castilla, donde evitaron exponerse al sol para conservar su tez blanca y diferenciarse de los implacables invasores. Su piel se tornó muy pálida y las venas se traslucían de un color azul intenso. Por eso se les llamaba a los castellanos de clase alta como los de sangre azul.

Recuerdo que cuando era chico y me hablaban de que los reyes, los marqueses, los condes… tenían sangre azul, la verdad es que me daba un poco de repeluco. Me gustaba ser un marqués o conde, como a cualquier chiquillo, aunque solo fuera el Marqués de Villaquisiera, pero cuando se me venía a la cabeza lo de sangre azul, se me quitaban las ganas. Era como tener por las venas una pluma estilográfica de la época. Yo, acostumbrado a la sangre roja de tanta achocaura, producto de las mil y una guerrillas a cantazo limpio contra las bandas rivales en la trasera de Capitanía, en el Manchón de Madariaga o en otros tantos escenarios isleños de aquellos años y en donde las calles cañaíllas, medio asfaltadas y repletas piedras proporcionaban la munición oportuna y hacía que uno acabara la mayoría de las veces en la Casa de la Cruz Roja, junto a la Plaza Font de Mora, con sangre, mucha sangre en la cabeza, pero más roja que la manteca colorá.

Ahora, con la que está cayendo en el país, con gente en el umbral de la pobreza, con millones de parados y con una situación casi de emergencia nacional, a algún iluminado le ha dado por nombrar Marqués de España a Vicente del Bosque, que como todos saben ganó dos copas de Europa cuando Fernando Hierro, Guti, Raúl y compañía dirigían los hilos del equipo merengue, del mismo modo que ahora lo hace el malagueño Hierro desde su cargo de Director Deportivo de la Selección Española.¡Vivir para ver! No hay nada mejor que ser mal parecido, tener cara de buena gente, por no decir de tonto, ser un poquito educado y de paso ganar una Copa del Mundo, a la que no le quito ni un ápice de mérito, porque dicho sea de paso soy muy aficionado a este deporte.

Existen cirujanos que salvan vidas, científicos que pelean día tras día en lucha contra el cáncer, ingenieros que desarrollan trabajos monumentales y otros tantos profesionales que ponen sus estudios y sapiencia al servicio de la sociedad, pero sólo reciben su satisfacción personal y el sueldo que le corresponde, pero llega un señor, arropado por los Casillas, Iniesta, Xavi y otros tantos más y lo llevan a ser un seleccionador de fútbol de prestigio internacional y de paso Marqués. Lo han galardonado en Madrid, dado una medalla olímpica, homenajes en Salamanca, su tierra, en Albacete, recibido el cariño de la Familia Real. Hasta la Asamblea de la Conferencia Episcopal se rindió a sus pies y en su pueblo natal lo galardonaron con el Nabo de Oro. Sinceramente, si lo que le dieron en su cofradía tuviera el mismo significado que tiene aquí, le daríamos uno más grande para que esté más contento. Don Vicente, Marqués de España, me parece muy fuerte su transfusión de sangre, ¡cómo si no tuviéramos ya bastante con los que la portan en La Zarzuela! Mientras, uno se queda con las ganas de por vida de ser Marqués de Villaquisiera. ¡Chupa del frasco Carrasco!

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