Yo te digo mi verdad

La mar de fácil

Otro debate sería por qué ha surgido este debate por un lugar en las playas y no por una reserva en El Faro

Ha propuesto el presidente de la patronal hostelera gaditana una cosa sobre preferencia de los clientes de hotel a la hora de disfrutar de las playas que, por su misma forma difusa e inconcreta de plantearse, ha originado un debate estéril, aunque la mar de interesante.

Desde luego, reservar un lugar en un sitio público para personas privadas, sean forasteros o no, así sin más, no sólo parece sino que es un atropello, y rememora antiguos privilegios de tiempos felizmente pasados. Pero la cosa cambia considerablemente si esa persona paga al administrador de lo público por el uso y ese dinero revierte en las cuentas igualmente públicas. Traducido resultaría: si un hotel quiere asegurar su negocio asegurando que sus huéspedes tienen un sitio en la playa debe negociar con el Ayuntamiento o la administración competente y llegar a un acuerdo económico para tener un espacio propio. Para los gaditanos, esto tiene el mismo nombre que un gran violinista y compositor italiano: paganini. Exactamente igual que los concesionarios de chiringuitos o instaladores de sombrillas o, en otros casos, las terrazas de los bares por ejemplo. No debería haber más problemas que los que surjan de no ponerse de acuerdo.

En otros países europeos con playas este sistema está generalizado. Italia es el ejemplo máximo, con su litoral lleno en verano de 'spiaggie atrezzate' (playas organizadas) y con esa institución maravillosa que son los 'Lido': grandes instalaciones sobre la arena compuestas de bares, restaurantes, servicios de aseo y duchas, vestidores, sombrillas y tumbonas que ocupan toda la superficie, de forma que es imposible bañarse sin pagar una entrada que lo incluye todo menos la consumición. Los responsables de esos 'Lido' lo son también (importante matiz) del mantenimiento, limpieza e incluso seguridad de 'su playa'. Hay también huecos de 'spiaggia libera' (playa libre) pero todo el mundo acepta el sistema de pago, siendo los italianos tan grandes amantes del baño marino como nosotros.

Otro debate la mar de interesante sería por qué ha surgido esta polémica por un lugar en las playas, y en cambio a nadie se le ha ocurrido que a los turistas (de hotel) se les reserve un hueco en la barra de El Faro o una mesa en la calle de La Palma o una silla en un concierto de verano, o una entrada en el Museo de Cádiz, con o sin corona virus. To está inventado. Embarrar el asunto con debates de intereses o partidistas es ceguera o ganas de ahorrar.

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