¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

De la manga a la banda ancha

En España le llamamos negro, pero los anglosajones utilizan un término más descriptivo y con el prestigio de todo lo que se expresa en inglés: speechwriter (escritor de discursos). Pues bien, lo primero que debe saber el profesional de la literatura oratoria política es que no se pueden dejar balones botando en el área propia, porque siempre hay un chupaposte que aprovecha para meterte un gol. Susana Díaz lo puso fácil el pasado miércoles al afirmar que aspiraba a un "gobierno de banda ancha", que es su manera tecno-anticuada de decir que está dispuesta a pactar con cualquiera con tal de seguir en la poltrona, ella y su populoso partido. Bien mirado, no hay un cambio demasiado brusco. Sólo se altera el sustantivo y permanece el adjetivo, porque los gobiernos socialistas hasta la fecha lo han sido de manga ancha: con la corrupción disfrazada de limosna clientelar, con el paro, con la telebasura pública, etcétera.

Pero volvamos a los posibles pactos poselectorales. El líder (es un decir) de Ciudadanos, Juan Marín, ha dejado claro que no volverá a pactar con Susana. Marín está actuando como una marioneta de Rivera, quien sabe que un apoyo de Cs al socialismo en Andalucía mermaría considerablemente sus posibilidades en la batalla con el PP por el control del centro-derecha español. Aunque la palabra de un político en campaña tiene el valor de un marco en la República de Weimar, todo indica que va en serio. Esto, inevitablemente, empuja a Susana Díaz a los brazos de Teresa Rodríguez, la candidata de Adelante Andalucía (Podemos+IU). Una vez más se cumple el lugar común de que la política hace extraños compañeros de cama. Quien haya tenido la obligación de acudir o ver la retransmisión de alguna sesión del Parlamento Andaluz, se habrá dado cuenta inmediatamente de que entre Susana y Teresa saltan chispas, no se pueden ver, aunque ambas compartan un cierto histrionismo. Esto no es un asunto baladí, porque en política, como en la vida misma, las relaciones personales son fundamentales.

Así las cosas, la lucha en el barro entre Cs y PP puede tener una víctima colateral de envergadura: la sociedad andaluza, que tendría que soportar un escoramiento a la izquierda y un Gobierno, para colmo, mal avenido. Por cierto, que tampoco ayuda a la alternativa política las comparaciones de ayer de la ex ministra García Tejerina entre los niños castellanos y los andaluces (a favor de los primeros, claro). Cuando llegan las autonómicas, siempre hay un cráneo privilegiado del PP dispuesto a meter la pata.

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