El Palillero

José Joaquín / león

La maldición hotelera

ALEGRÍA que no falte. El Pleno municipal aprobó ayer la modificación del PGOU de Cádiz para que se construya un hotel en el solar del Tiempo Libre (una vez derribado el edificio mohoso, se entiende). Ya puestos en materia, también aprobaron que Telefónica pueda dedicar a uso hotelero la vistosa torre del Pirulí y el señorial edificio que tiene desperdiciado en la calle Ancha. Y como estaban lanzados, se aprobó que el hotel del Nuevo Estadio Carranza no sea subastado, teniendo en cuenta que nadie acude (aunque lo daban por vendido), sino que se adjudique directamente. Buenas noticias todas, que se aprobaron con alguna discusión menor, sin insultos del público. Aunque ahora viene lo más difícil: construir esos hoteles.

En lCádiz ha arraigado la maldición hotelera. Ya es como un trauma. En los últimos años, en otros municipios de la provincia, se han abierto con una facilidad pasmosa. Incluso han recuperado algunos de los que perdieron, como se ha visto en El Puerto con el Monasterio de San Miguel y el Duque de Medinaceli, dos hoteles emblemáticos, que fueron de Jale. En Jerez, que no está en la costa, se ven obras auténticas, con albañiles y todo, para nuevos hoteles, y no sólo en casitas con encanto. Sin embargo, en Cádiz se habla desde hace años del hotel del Tiempo Libre y de otros no menos gafados, como el del estadio Carranza, el de la estación de Renfe y el Campo de las Balas. Por no insistir con Valcárcel. O la Casa del Almirante. A los que ahora se suman los de Telefónica. Ni un turista duerme en ellos.

Recientemente, el delegado de la Junta de Andalucía, Fernando López Gil, dijo que el espacio del Tiempo Libre no se podrá vender antes de seis meses, una vez que el Ayuntamiento aprobara las modificaciones del PGOU y pueda ser tramitado. Empezamos a contar con el reloj de arena de la playa. A ver cuánto tiempo duran esos seis meses.

Este verano ha vuelto a quedar de manifiesto el despropósito del Tiempo Libre. En un año de alta ocupación hotelera, cuando la costa de Cádiz está de moda, y cuando se ha desviado a Andalucía una parte sustancial del turismo de sol y playa que acudía al Norte de África, resulta demencial que se desaproveche un espacio en primera línea de playa, donde se puede construir un complejo hotelero de lujo. Se ha destacado este verano que las primeras líneas de costa andaluza están prácticamente colmatadas y cerradas. Sin embargo, en Cádiz disponemos de un espacio de privilegio para nada.

¿Por qué en Cádiz padecemos esta maldición hotelera? Otro misterio profundo.

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