El Palillero

La maldición continúa

Al gafe se suma que Cervera estaba quemado como entrenador y su destitución ha llegado dos meses tarde

No sé qué más debe ocurrir para que le devuelvan al estadio Carranza su nombre y le supriman el de Nuevo Mirandilla. Lo escribí el 8 de octubre de 2021: ese estadio está gafado. Desde que le cambiaron el nombre, han pasado más de cinco meses y el Cádiz no ha ganado ni un partido. Ha perdido puntos en trágicas circunstancias. Fue terrible lo ocurrido en la noche del pasado martes. Parecía que el Cádiz rompería el maleficio, con el cambio de entrenador y la llegada de Sergio González, pero el Espanyol empató en el minuto 96, en una jugada tontísima, en un despiste colosal. ¿Y no parecía cosa de brujas? Es el gafe, es la maldición. El Nuevo Mirandilla le ha dado al Cádiz la puntilla.

Y es cierto que el Cádiz CF tiene la peor plantilla de la Primera División, y está con un pie y tres cuartas partes del otro en Segunda. Sería un grandísimo milagro que se salve. También es cierto que resulta más difícil salvarse fichando como refuerzos a suplentes del Valladolid, que bajó a Segunda. Ojalá funcionen bien, pero ningún crack quiere jugar aquí, con ese gafe. A Luuk de Jong, que parecía un paquete, le dijeron: "Te vas al Cádiz", y empezó a marcar goles con el Barcelona para escaparse de la tragedia. El mejor fichaje de enero sería que vinieran los cazafantasmas.

Al gafe se suma que Álvaro Cervera estaba quemado como entrenador y que su destitución ha llegado dos meses tarde. Sus méritos en las temporadas que ha pasado en el Cádiz se quedarán para el recuerdo, han sido importantes. Su despedida resultó emotiva. Pero destituirlo no era injusto. Sus planteamientos funcionaron en Primera la temporada pasada (la mejor de su etapa cadista), cuando el equipo estaba recién ascendido y el estadio se llamaba Carranza, con los jugadores ilusionados, luchando por encima de su nivel y sorprendiendo a los rivales. Esa forma de jugar ya no sirve, y ha sido su condena. Por supuesto, en Primera, ante rivales superiores, no se le podía pedir un jogo bonito y dominar los partidos. Pero ya no jugaban al fútbol, sino al rugby: a base de patadas a seguir, y regalando el balón de continuo.

El balance general de Cervera es bueno, pese a que el final resultó malo y triste. Decir que ha sido el mejor entrenador de la historia cadista es exagerado, o un desliz de pipiolos. Creo que tuvieron más méritos Víctor Espárrago, Dragoljub Milosevic y David Vidal. Desde luego, nunca hubo un Ferguson de la Bahía, ni Cervera lo era. Manuel Vizcaíno está a punto de cometer el mismo error que Antonio Muñoz: ascender al Cádiz y no consolidar una estructura de club de Primera. Y, para colmo, el gafe.

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