maría Del Carmen Roa Suárez

Nunca llueve a gusto de todos

QUE nunca llueve a gusto de todos. Esto es así. Y es que jamás pensó el alcalde que, tras años de exigencias y reivindicaciones acerca de explotar todo lo relacionado con la mítica figura de nuestro querido Camarón, algunos se empeñarían en que nuestra tierra tiene otros protagonistas. Que nuestra tierra es algo más que Camarón.

La cuestión es que nunca llueve a gusto de todo el mundo.

Nuestra tierra tiene muchas cosas. De hecho, como la mayoría de los isleños, vivo enamorada de mi tierra con su playa, sus tortillitas de camarones, su pescaíto en adobo, su sal, sus esteros, sus fiestas y sus costumbres. Pero seamos realistas. Una vez cruzado el puente Zuazo, ni las tortillas de camarones ni la sal ni los esteros traspasan fronteras. Camarón, sí. Y esto no es una ocurrencia mía ni una milonga que llevar a Fitur. Esto es así.

Y es así desde que aquel gitano que se partía la camisa encandiló con su cante jondo y su duende a los maestros más grandes del flamenco, convirtiéndose en la figura del cante por excelencia.

La realidad es que si hoy en el mundo entero se conoce este rincón rodeado de agua se debe, en gran parte, a que ésta sirvió de apellido de José Monje Cruz, de Camarón, el de la Isla.

Basta sólo echar un vistazo a través de las redes sociales y las webs de opiniones para darse cuenta de que a La Isla vienen no pocas personas, buscando conocer la tierra que vio nacer al artista. Quieren saber cómo vivió, de quién aprendió...; quieren saber cómo sabe cualquier comida de la Venta de Vargas porque él hablaba de ella; quieren ver la cara de ese Nazareno que era testigo de sus saetas cada madrugá...

A pesar de lo que muchos puedan pensar, mientras van leyendo estas líneas, no soy camaronera. Pero soy cañaílla, y quiero que mi ciudad crezca y que lo haga apostando por algo seguro que pueda generar empleo y turismo. Que sí, que podríamos hacer un museo de la sal, de los barcos, o incluso de los toros. Pero... ¿de verdad creen que eso daría a La Isla algo diferente a lo que tenemos hoy?. Yo creo que no. Es más, me atrevería a decir que, en menos de un mes, el museo de la sal, precioso seguro, se quedaría para nosotros, y seguiríamos haciendo turismo de interior.

El error, si me lo permiten, es caer en la demagogia de quien cree que La Isla fue un día ciudad deportiva, que otro fue ciudad del comercio y que ahora es ciudad de Camarón.

Vayamos por puntos. La ciudad de Camarón, lo es y lo será, igual que la mía, porque si nació aquí, nació aquí. Ciudad deportiva lo fue, y lo sigue siendo, cosa que me enorgullece, ya que pocas ciudades pueden presumir de tener etapas en la Vuelta Ciclista, de celebrar el World Padel Tour, los Juegos Iberoamericanos o los campeonatos de minibasket de cada año. Esto es turismo, de interior y de exterior, y es lo que hay que fomentar.

Es cierto que la ciudad necesita un atractivo, un reclamo, que anime a la gente a venir o que haga que la persona que venga buscando una cosa, se quede porque encuentre que tiene muchas más de las que esperaba. ¿Y por qué no puede ser ese reclamo Camarón?

Desde luego, si partimos del pesimismo, poco o nada podremos hacer, pues entre lo que se ha perdido en el área municipal y lo que nunca llega por parte del área autonómica no entraríamos ni en la industria cultural ni en ninguna otra. Que no. Que tenemos una ciudad diferente, deportiva, flamenca, gastronómica.... que necesita de incentivos que sean capaces de echar a andar realidades que nunca fueron ni siquiera proyectos. Lo que pasa es que nunca llueve a gusto de todos.

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