Bichos, resfriados tontos, calor que pica... el veranillo del membrillo o de San Miguel parece el último coletazo del largo y cálido verano que predijo Paul Newman de joven. Viene la lluvia, necesaria, a limpiarlo todo, aunque sea, vaya por Dios, a las horas de entrada y salida de los colegios, como es habitual. Y da miedo. Porque, visto lo visto en Mallorca, ya no llueve como antes. No me quiero poner nostálgico, pero cuando chico no se hablaba de estos fenómenos de la naturaleza tan violentos como devastadores. ¿Será que uno, cuando es niño, no se entera de la mitad de las cosas inmerso en su mundo de fantasía? No sé. Mientras tanto, el que niegue que el tiempo está loco es que está más loco que el tiempo. Que venga la lluvia reparadora y se lleve lo malo, como cuando se quema romero. Y entre todo lo malo, los que todavía niegan el cambio climático. Que es para preocuparse. Y mucho.

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