Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

No tengo quien me llame

Al contrario que a mi amigo Baldo Toscano, yo estoy loco por que me llame alguien por videoconferencia, incluso estoy dispuesto a cualquier reunión múltiple, que mola mucho. El otro día me hizo una videollamada de whatsapp Juan Manzorro para enseñarme los lugares por donde yo antes solía correr. Es toda mí experiencia al respecto en más de 40 días de encierro. Aprovecho desde aquí para ofrecerme a cualquier conferencia múltiple por zoom, Google no sé qué o lo que fuera menester. Debo ser el único pringao de España que no ha participado en ninguna. No ya el Gobierno, el Parlamento o el Consejo Europeo, es que el Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Cádiz se reúne con sus asesores mediante este procedimiento . El pleno municipal lo hace del mismo modo . El Cádiz CF , los claustros de los colegios, directivas de cualquier ámbito (supongo que los del Casino no llegan a esta modernidad) y hasta los colegas forman grupos para verse las caras. Yo no estoy en ninguno, es lo que tiene ser sieso manío , nadie me invita a grupo alguno. Desde aquí mi ofrecimiento para cualquier videoconferencia múltiple. Estoy dispuesto a quitarme el chándal (uno del Atleti, no el mamarracho de la sudadera celeste del alcalde) y ponerme una camisa. Tengo diferentes encuadres en el cuarto donde paso mi tiempo, desde uno donde se vea la camiseta del Atleti con la firma de los jugadores que me regaló Moncho Aragón hace 10 años, el plato conmemorativo del la victoria del Atleti en la Copa de 1960 que Chuzo le regaló a mi padre, recuerdos que me regalaron el día de mi cumpleaños ,así parecería una persona popular. Puedo hacerlo con fotos de viajes que tengo en una corchera o un mapa del mundo de National Geographic con el que darle un tono cosmopolita.. Puedo montar una librería repleta de libros con algún premio para darme un aire intelectual . Si hace falta me pongo chaqueta y corbata para no ser menos que Lola Cazalilla, que siempre sale de punta en blanco. Eso sí, a pintarme las uñas de los pies no estoy dispuesto, que uno tiene su dignidad. No me importa el tema a tratar: si hay que hablar de fútbol, de política, elogiar a los médicos, contar chafardeos de todos los colores. Me ofrezco por igual a hablar mal del gobierno que a elogiarlo, a decir que Pedro y Pablo son unos mamarrachos o que son dos estadistas. Mi límite es hablar bien del Real Madrid, hasta ahí no estoy dispuesto, no estoy tan desesperado. Ofrezco conversación amena, no cocino pero soy capaz de elogiar el plato más cutre.

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