Ojo de pez

pablo Bujalance

Si levantara la cabeza

MI padre, que era un buen hombre, andaba a menudo amenazando con todo lo que habría de pasar si quien usted sabe levantara la cabeza. Cuando hace unos días unos científicos británicos anunciaron que habían encontrado bajo un aparcamiento de Leicester los restos de Ricardo III me acordé mucho de mi padre. Y también, lo admito, me sentí embriagado por la emoción: allí estaba la columna vertebral del rey, torcida como una alcayata por culpa de la escoliosis, y el cráneo abierto por varios sitios, y las heridas de guerra. La visión del tullido regresó a mis ojos personificado en Laurence Olivier, venenoso, un mal bicho, pero tan rabiosamente humano como el ángel de Blas de Otero. Parece que Shakespeare le atribuyó más ponzoña de la que realmente llevaba en la sangre, pero no concibo un final para la batalla de Bosworth distinto de aquella lucidez: "Mi reino por un caballo".

Ante estos huesos, claro, uno tampoco podía olvidar a Hamlet. Daban ganas de preguntar a tan ignominiosa calavera dónde habían quedado sus afrentas, dónde su ira, dónde todo lo que obtuvo de las mujeres en cuyas alcobas anidó como alacrán en celo, de qué le sirvió acabar con la vida de aquellos niños. Y a lo mejor, quién sabe, ha sido el propio Ricardo III quien ha decidido levantar la cabeza, por su cuenta, antes incluso de que los arqueólogos de oficio le brindaran la oportunidad. Ahora que Inglaterra produce anuncios que serán emitidos en las televisiones públicas rumanas e iraníes y en los que se advierte a los inmigrantes potenciales que se abstengan de cruzar el Canal de la Mancha si no quieren pasarlo muy mal, tiene sentido que Ricardo III recupere el estímulo suficiente para intentar recobrar el trono y no perdérselo. Lo de que David Cameron convoque un referéndum para decidir qué se hace con Europa también ha debido excitar bastante a unos huesos tan desprovistos de tuétano y cartílagos. Si ha llevado el monarca tanto tiempo esperando su reválida, tal vez ha creído que el momento idóneo para regresar ha llegado.

Mi padre tenía razón. Siempre hay un tirano dispuesto a levantar la cabeza, a remover la piedra, a salir de la tumba. Buena parte de la prosperidad del último medio siglo se ha debido a la ilusión de que se había pasado página. Pero la página se repite. Con tantos cañones de confeti, políticos negando la mayor y duques presentándose como pobrecitos ante la Justicia, algunos huesos deben estar removiéndose por ahí abajo. La ignorancia común ya la tienen a su favor.

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