EL  feminismo militante la ha tomado contra el neutro y el masculino de la globalidad. Lo que antes valía para lo femenino y lo masculino, ya no vale. O si vale está mal visto. A cada uno y a cada una lo suyo o la suya. La vieja gramática y el diccionario, como todo, rezuman machismo militante. Hay que despeñarlos sin contemplaciones aplicándole a la inversa la Ley de Pascal. Es como cuando entonces -estudiante de griego- tenía dificultades para entender las formas duales porque ya estaba conformado para el singular (uno) o el plural (más de uno, que podía ser dos o veinte). O los casos, que habíamos solucionado en español con las preposiciones. Esto de los casos era como la fonética inglesa y, en general, las fonéticas de las lenguas que construían sílabas sin vocales (el genial Selu, dando una clase de lenguaje diría de esto: ¿cómo es posible, Dios mío de mi alma, que haya sílaba sin vocales o croquetas sin los avíos del puchero? Pues las hay, ya lo creo, las hay...)

En esté “jabá” se ha metido la Real Academia de la Lengua y, particularmente, el catedrático de la Complutense Ignacio Bosque con un trabajo sobre sexo y género que circula desde hace días por internet con éxito espectacular. Se titula “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”.

 No le duelen prendas al destacado especialista en reconocer las “alarmantes” cifras de violencia doméstica, el acoso sexual a las mujeres, las diferencias salariales en perjuicio de estas y en el trato en el trabajo, los puestos directivos, etc. También reconoce el prof. Bosque la existencia de comportamientos verbales sexistas y, en general, todo lo que conforma una realidad que obstaculiza la presencia de la mujer, su visibilidad en la sociedad, la garantía plena de sus derechos.

“Los directivos acudirán a la cena acompañados de sus mujeres” es uno de los muchos ejemplos que hemos leído en el estudio de Ignacio Bosque que muestran los excesos cometidos, que no son lingüísticos, por cierto, sino de una mentalidad completamente criticable y desechable. El problema está en que el tonto que ha redactado una línea así ha provocado una reacción que se sale de Pascal porque condiciona una posición radical en la que ya no se discute el valor del masculino como representación de la totalidad o algunas otras circunstancias particulares sino que dibuja un escenario de enfrentamiento entre los sexos, entre las personas de distinto sexo, quiero decir. Porque niega la posibilidad de que haya mujeres directivas, lo cual es vejatorio para la mujer (aunque yo creo que lo es más para el que así lo dice).

Es lo que propone Ignacio Bosque, una propuesta para la reflexión sosegada y por especialistas de los excesos tradicionales y los miembros y las miembras.

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