El catamarán

rafael Navas

8-S: hundido

CUANDO se habla de buscar soluciones a la crisis, surgen muchas ideas. Pero, al final, ¿cuántas llegan a materializarse? El nuestro es un país ingenioso, como el famoso hidalgo, pero también envidioso y, sobre todo, muy cainita. La Historia de España está llena de ejemplos y casos que, de no haber existido, probablemente nos situarían en un lugar mejor del que ocupamos. Seguramente tenemos lo que nos merecemos y no hay que buscar fuera a los culpables.

Hoy se cumplen 125 años de la botadura del submarino de Isaac Peral en La Carraca. El que sin duda fue uno de los mayores inventos de un español, que pudo haber cambiado para siempre el signo de nuestro país, no es hoy para los españoles más que un objeto de museo y una cita más o menos obligada en las efemérides. Porque, como se puede leer en el amplio informe que hoy publica Diario de Cádiz, la historia del submarino de Peral es la de una sucesión de meteduras de pata por parte de quienes nos gobernaban entonces.

Sólo desde la mezquindad y la ignorancia se pudo apartar de nuestro futuro un invento de estas características que encontró su acomodo en, cómo no, las potencias anglosajonas que machacaron lo poco que quedaba de la autoestima de este país en el siglo XIX. Por qué será que, recordando hoy la historia del submarino de Peral, la música nos suena en pleno siglo XXI. Aquel marino nacido en Cartagena pero con fuertes vínculos en Cádiz (piensen, por ejemplo, en la Eléctrica Peral que fundó en El Puerto), un adelantado a su tiempo, fue marginado y machacado por los mediocres políticos de su época, además de conjuras movidas por intereses económicos, que siempre están por encima de los patrióticos.

Isaac Peral, un siglo y cuarto después de asombrar por un tiempo a los gaditanos con sus pruebas del submarino, sigue estando hoy más vigente que nunca. Su desdibujada figura, como la de muchos otros, ayuda a entender mejor quiénes somos. Y hasta tal punto llega a veces el olvido que ese aniversario ha pasado de puntillas por la provincia de Cádiz, una tierra fundamental para entender su invento y su trayectoria. Como ya sucedió con las monedas recuperadas del Nuestra Señora de las Mercedes, el tesoro del Odyssey, su memoria ha acabado en Cartagena, tierra de grandes marinos como la nuestra y, por lo que se ve, con mayor capacidad de memoria. Se nos van las mejores.

Hasta la candidatura olímpica de Madrid se llevó a Valencia la subsede para las pruebas náuticas, a pesar de que aquí contamos, en la Bahía de Cádiz, con el mejor campo de regatas de Europa.

Tal vez Peral, como buen visionario, se fijó en Cádiz como el lugar idóneo para hacer las pruebas del submarino, pero no pensando en que algún día habría un equipo de fútbol amarillo, sino en lo fácil que resulta hundirse en nuestras aguas.

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