El Palillero

Otro hotel que perdimos

La casa palacio de la plaza de San Agustín era un chollo en la zona más hotelera del casco antiguo de Cádiz

La casa palacio de la plaza de San Agustín es un ejemplo de las debilidades empresariales que existen en Cádiz. En cualquier ciudad turística española (en Sevilla sin ir más lejos, yo diría que incluso en Jerez) ese edificio funcionaría como hotel desde hace varios años. Aquí se habla mucho del auge turístico, de Cádiz de moda en The New York Times y todo eso, pero existe un turismo con los pies de barro, al que cuesta introducir en los grandes circuitos internacionales. Los cruceros no cuentan a esos efectos, porque no crean valor añadido en los hoteles. Y los apartamentos, salvo raras excepciones, son para un turismo menor, de medio o bajo nivel.

Ubicada en el centro-centro de Cádiz, una casa palacio en la plaza de San Agustín era un chollo. Está en la zona más hotelera del casco antiguo. Al lado del hotel Senator, en la calle Rubio y Díaz, una de las pocas inversiones de una cadena hotelera (en ese caso de origen almeriense), que remodelaron y reconstruyeron un edificio antiguo. Cerca de allí están otros hoteles, como Las Cortes de Cádiz y Argantonio, que responden al segmento con encanto, y el de Francia y París, de la plaza de San Francisco, que es un clásico gaditano. Hoteles de mucho mérito, como otros que hay en el centro de la ciudad, que han mantenido el tipo en los tiempos difíciles de la crisis.

Sin embargo, lo que ha ocurrido en San Agustín es significativo. Allí estuvo ubicada una oficina del BBVA hasta que los bancos empezaron a cerrar. En los tiempos actuales del anticapitalismo un banco tiene poco futuro en Cádiz, por lo que estaban deseando venderlo. Un grupo de Madrid compró el edificio a un tercio de su precio inicial. Nadie iba a pagar cuatro millones de euros por un edificio en Cádiz, aunque a Alvarito lo vendieron por más, y todavía hay algunos que critican a Vizcaíno. La depreciación de ese edificio (y de otros) muestra el desinterés por invertir en la ciudad, a pesar de su leyenda turística. Mientras en otras ciudades abren hoteles todos los meses.

La solución que le han dado es trocear el edificio para adaptarlo a locales comerciales y oficinas. El restaurante de La Mafia se sienta a la mesa es el primero que abre y se arriesga. Pertenece a una cadena de restaurantes de nivel medio, que no son pizzerías al nivel popular y masivo de otras ya existentes. Con su incorporación, hay un aspecto positivo: un edificio emblemático de Cádiz empieza a recuperar la actividad que perdió. Y ellos no tienen la culpa de que en esta ciudad nadie haya querido invertir en otro proyecto más ambicioso.

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