el alambique

Juan / Clavero /

La historia interminable

TRAS más de una década de trámites, polémicas, conflictos, maniobras, juegos de intereses bastardos…, por fin tenemos ya un PGOU con visos de salir adelante. Para definir las zonas urbanizables, los polígonos industriales, la localización de los equipamientos y zonas verdes imprescindibles para dar calidad de vida a la ciudad, los terrenos o bienes que se deben proteger por su valor ambiental, productivo, paisajístico o cultural, las infraestructuras… se han necesitado más 10 años; pero al final se ha plasmado en un plan mínimamente coherente.

Algún día se tendrá que escribir la historia de esta década ignominiosa salpicada de corrupción, en la que lo ilegal se ha intentado presentar como lo normal, con un plantel de políticos que entendían que el urbanismo era la forma más rápida para que algunos se hicieran ricos, pensando que a ellos algo les tocaría. En esa década se ha hablado de todo menos de lo que les interesa a los ciudadanos: garantizar el derecho a una vivienda digna para todos; rehabilitar el casco histórico y acabar con la infravivienda; conservar, rehabilitar y potenciar nuestro patrimonio histórico; mejorar la movilidad y la accesibilidad; equipar los barrios con colegios, centros sanitarios, instalaciones deportivas, zonas verdes… es decir, conseguir una ciudad mejor para todos y con calidad de vida.

En las pasadas legislaturas, tanto IP como PSOE se dedicaron a trapichear con el urbanismo, ofreciendo el futuro de nuestra ciudad al mejor postor, o cediendo a las presiones de las urbanizaciones ilegales, a las que favorecieron con un ruin interés electoralista. Los que estuvieron a cargo de gestionar el nuevo PGOU en esas legislaturas se encuentran imputados por graves delitos, algunos incluso han sido detenidos en el marco de una operación contra la corrupción urbanística y el blanqueo de dinero. Muchas veces me he preguntado desde esta columna en qué manos estábamos. Ahora tenemos clara la respuesta. El PGOU ha heredado el principal error de las propuestas anteriores, el seguir manteniendo el paradigma del crecimiento urbanístico como base del desarrollo, cuanto más grande mejor. La experiencia demuestra lo contrario, las ciudades con mejor calidad de vida son aquellas que mantienen las dimensiones humanas.

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