En la misma tarde del golpe del 23F, en casa se tocó a zafarrancho y la primera decisión fue organizar una expedición al supermercado para aprovisionarse de patatas, huevos y aceite. En mi incipiente adolescencia, aquello sonaba a lección aprendida por parte de los mayores en tiempos de desgraciados alzamientos y de la siempre tan nombrada, en las batallitas de los abuelos, cartilla de racionamiento. La segunda medida fue la de decretar un acuartelamiento de la familia en una misma casa, con colchones tirados por el salón, la radio encendida y la incertidumbre nacida de un acontecimiento ya vivido antes por muchos y cuyas respuestas, entonces, se antojaban lógicas porque en la memoria aún quedaban vestigios de un lamentable pasado de guerra y hambre. Pero actualmente, con más información, en esta guerra sin tiros que afrontamos hay actitudes individuales y políticas muy difíciles de entender.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios