La esquina

José Aguilar

El gratis se acaba (en buena hora)

LA consejera de Educación, Mar Moreno, anunció ayer que su departamento no entregará ordenadores portátiles gratuitos  a los alumnos andaluces de Primaria y ESO. El motivo es el mismo que alegó días atrás, con esa gracia repajolera que Dios le ha dado, el ministro de Hacienda: que no hay dinero. Se trata, qué duda cabe, de un motivo ciertamente de peso.

Viniendo la noticia de Moreno, es decir, de la Junta, estaba cantado que la culpa de este nuevo recorte iba a ser del impopular ministro de Educación, José Ignacio Wert, quien ha reducido la financiación estatal de todos los programas educativos. Entre ellos estaba el programa Escuela TIC 2.0, un medio acrónimo inventado para referirse a la introducción de las nuevas tecnologías en las aulas, como una herramienta especial del proceso de aprendizaje del alumnado del siglo XXI.

Al bajar el Ministerio de Wert, de 25 millones de euros a menos de 5, la aportación a dicho programa, la Junta se ha quedado sin fondos para sufragar la compra de portátiles para los 80.000 estudiantes de quinto de Primaria a los que les correspondía recibir la donación el curso que viene. Claro que el Gobierno andaluz, que dice apostar por la educación como primera prioridad -algo que no se cansa de repetir su presidente-, podría haber estirado sus propios presupuestos y sacar una partida para costear por sí mismo tan importante plan de informatización de la enseñanza no universitaria.

Pero, claro, la capacidad financiera de la Junta es limitada (como la del Estado). Así lo ha declarado la consejera de Educación. Tan limitada que ayer mismo Mar Moreno no fue capaz de decir cuándo va a pagar a las guarderías conveniadas sus subvenciones de mayo y junio cuya situación amenaza con llevarlas al cierre. A mí esto de meter en el sistema escolar a los críos de hasta tres años me parece, efectivamente, más prioritario que regalarles ordenadores a los que están en los últimos cursos de Primaria, que ya reciben una enseñanza gratuita.

Muchos profesores se indignan con esto de los ordenadores gratis, y no es difícil comprenderles. ¿Cuántos de los 400.000 portátiles repartidos en las aulas andaluzas han servido para algo más que para jugar a los marcianitos? ¿Cuántos de sus 400.000 receptores no tenían ya sus propios portátiles en casa? ¿Cuántos de sus padres necesitaban ser ayudados para comprárselos ellos mismos a sus hijos? Y lo fundamental: con una enseñanza llena de carencias materiales y humanas, marcada por el fracaso y el abandono, quizás no sea la mejor idea regalar ordenadores. En todo caso, habría que entregarlos a los estudiantes con menos recursos familiares y controlar su buena utilización. No a todos, indiscriminadamente, como nuevos ricos que tiramos el dinero que, como ahora se demuestra, no tenemos.

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