Crónica personal

Pilar / cernuda

El gran susto

PODEMOS ganaría las elecciones si se celebraran ahora. Ése es el titular del fin de semana que confirmará hoy el barómetro del CIS, aunque el panorama del organismo oficial es menos brutal para el Gobierno porque las encuestas fueron realizadas antes de que todo estallara por los aires con los casos de corrupción que han dejado al PP temblando.

En PP y PSOE la conmoción es total. Más aún en el partido que gobierna, porque el PSOE vive tiempos de cambio y tienen la esperanza de recuperarse. Para ello será necesario que Pedro Sánchez cambie determinados aspectos de su discurso, le falta el necesario sentido de Estado al que está obligado un líder de la oposición que aspira a gobernar. Pero en el Gobierno hace días que han sonado las alarmas aunque Rajoy, haciendo gala de su habitual carácter, no parece inmutarse.

Sin embargo, sí hay motivos para la alarma, porque muy mala tiene que ser la percepción de los españoles sobre las decisiones tomadas en las alturas políticas como para inclinarse hacia una formación política que llevaría al país a la más absoluta de las ruinas. Una formación política que ha creado su propia casta, cada vez más parecida a la que denuncian, y en la que no cabe más iniciativa que la que propugna su líder. Al que difiere, fuera. Una formación en la que empiezan a aparecer personajes con serios problemas con la Justicia, por cierto. Seguro que ésa es la razón de que Pablo Iglesias haya decidido que no se presentan a las municipales a pesar de que la mayoría quería hacerlo: intenta salvaguardar así las siglas, no sea que antes de las generales empiecen a salir concejales o alcaldes de Podemos que echen por tierra su imagen de partido impoluto.

El susto es grande, porque a nadie que respete los principios básicos de la libertad, la democracia y la convivencia, puede gustar un gobierno que tiene como ejemplo el castrismo y el chavismo; un gobierno que propone lo que propone Podemos, y que con toda seguridad no se han preocupado de conocer quienes con tanta alegría dicen que quieren a Pablo Iglesias en Moncloa.

Antes de echarse a llorar, valdría la pena agarrarse al clavo ardiendo de que los españoles suelen ser gente sensata cuando llega la hora de votar. Una cosa es decir que se va a votar a Podemos porque se quiere castigar así a los dos grandes partidos, infestados de casos de corrupción, y otra muy distinta es que, llegada la hora de la verdad, se confíe el Gobierno de España a personas como Iglesias o Monedero. El cabreo actual contra PP y PSOE, que se entiende, no puede llegar a tanto: a llevarnos directamente a los infiernos.

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