El presidente de la Junta ha dicho en el Parlamento que no le interesan los debates ideológicos sino la gestión. Ya tuvimos un gestor en San Telmo; estuvo 19 años. Pero a diferencia de Chaves, Moreno se comprometió a estar dos mandatos. Como Aznar se autolimitó a ocho años en el poder. Aunque otras promesas del llamado gobierno del cambio, como liquidar el Consejo Consultivo, se han esfumado conforme iban madurando los jóvenes turcos del PP andaluz que asaltaron el palacio de San Telmo en diciembre de 2018.

El modelo de Moreno Bonilla es Núñez Feijoo, que repite esa consigna en sus mítines gallegos: lo importante no es la ideología sino querer a Galicia y saber gestionar. Ese mismo perfil quiso adoptar Susana Díaz en vísperas de las últimas elecciones andaluzas; durmió la campaña, se envolvió en la verde y blanca y se equivocó. Lo del amor a Galicia o a Andalucía lleva implícito que quien critica a su presidente está denigrando a su tierra, es la tentación pujolista a la que nadie parece resistirse.

La ha practicado estos días también Pedro Sánchez. El documento del PP en el Parlamento Europeo, criticando que para prolongar el estado de alarma el Gobierno de España pactase la derogación completa de la reforma laboral ha sido considerado por el inquilino de La Moncloa como un ataque a la democracia española. Ya son ganas de sobreactuar. Cuando Pujol se fajaba la senyera a todo el mundo le parecía exagerado. Y ahora todo dios hace lo mismo con la bandera que tiene más a mano.

Treinta años después del Fin de la historia, el aumento progresivo de la desigualdad ha dejado desfasada la teoría de Fukuyama de que la economía sustituiría a las ideologías. Al público le gustan la moderación y la flexibilidad, pero la excesiva hipocresía levanta recelos. En la Comunidad de Madrid es el PSOE, el partido más votado, quien preside la comisión de reconstrucción. En Aragón se ha llegado a un acuerdo de todos menos Vox. En Castilla León pasa lo mismo, una coalición gobernante PP-Cs como la andaluza ha pactado con PSOE y Podemos, dejando a los ultras al margen. Pero aquí Juan Manuel Moreno se abraza a Vox como si le fuese la vida y critica a la izquierda por no aceptar de árbitro al único partido que no quería ni comisión ni diálogo. Al presidente de la Junta no le interesarán los debates ideológicos, pero sin duda tiene sus preferencias y debilidades. La gestión la hacen las gestorías; gobernar es cosa de políticos con ideología y valores.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios