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Un gesto por la lectura

Cs del Ayuntamiento de Sevilla propone un bono-libro para que los jóvenes lo inviertan en librerías

Algunos se habrán quedado de piedra al escuchar, de labios de un político andaluz, una propuesta relacionada con el mundo de los libros y la lectura. Ha sido tanta la ausencia, durante años, de cualquier alusión al respecto, que muchos ciudadanos habrán deducido que existe una lejanía insalvable entre dedicarse a la política y la lectura. Tal como si leer fuese una estrafalaria costumbre que despertara sospechas dentro de ese gremio, tanto en la derecha como en la izquierda. Por el contrario, antes, en los años de la Transición, existió un cierto exhibicionismo lector, casi un pugilato, entre los muchos políticos cultos de la época. Entonces, aunque ahora parezca raro, un político que leyera, y opinase sobre lo leído, prestigiaba a su partido. Y al llegar fechas rituales, como la pasada del 23 de abril, se tenía preparada, en mente, para comentarla ante la prensa, una lista de recomendaciones. Incluso Felipe González, ya en la Moncloa, convirtió un año, gracias a sus elogios públicos, las Memorias de Adriano de Yourcenar en uno de los libros más vendidos. Eran otros tiempos y se comprende que muchos españoles los recuerden con nostalgia. Por eso ha sorprendido que, ante la desidia cultural reinante, el portavoz de Ciudadanos, en el Ayuntamiento de Sevilla proponga un plan para incentivar la lectura y dar mayores medios a las bibliotecas. Es decir, un proyecto que incluya algo más que gestionar lo existente. Una propuesta, pues, que debería igualmente hacerse extensiva a toda Andalucía. Las medidas que en ella se contemplan quizás parezcan fabulaciones retóricas a todos aquellos que no confían en los beneficios ciudadanos que proporciona la lectura. Pero, de llevarse a cabo, supondría una ayuda más que necesaria, en estos momentos, a los editores y libreros que llevan a cabo una encomiable labor, mostrando que la cultura y la vida cotidiana andaluza exige otros alimentos, aparte de los disponibles en bares y terrazas. Y, por último, y esto quizás sea lo más novedoso y apreciable del proyecto anunciado, se propone la creación, gracias a la ayuda institucional, de un bono-libro para que los jóvenes lo inviertan en comprar en librerías. Este acuerdo social ya existe en Italia y lo estableció Macron también en Francia, con notable aceptación entre sus juventudes. ¿Obtendrán algún eco estas ideas del portavoz de Ciudadanos? Ojalá remuevan, por lo menos en este aspecto, a la indolente y soñolienta política cultural de la mayor parte de las instituciones andaluzas. Pero como mínimo su gesto, desde la calle, merece ser aplaudido.

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