El Alambique

E. M. / Cañas

El género epistolar

D ESDE la Biblia hasta los románticos. Y desde Goethe a Dostoyevski pasando por Galdós o Valera. La epístola, aunque no excesivamente usada, es un bello género literario pues no hay mejor vía para expresar sentimientos, convencer al contrario a través de un sesudo intercambio de saberes científicos o trasmitir los cimientos de una fe.

Los gestores de Apemsa, la empresa de gestión del agua, han recurrido a la misiva para buscar la complicidad y la persuasión que este género ofrece. Bajo el título de 'Apemsa no se vende',- el mismo eslogan elegido por esos teóricos enemigos suyos que defienden lo público ante sus gestores -, cuenta la historia de las bondades de convivir con un socio tecnológico que llevará a la ciudad a cotas de modernidad, conocimiento y experiencia otrora desconocidas.

Siguiendo las pautas que marcara el converso Saulo en sus epístolas bíblicas, Apemsa promete el advenimiento futuro con el control municipal sobre el coste de abrir el grifo y la amenaza de sanciones y rupturas de contrato si el ahora deseado amigo opta por cambiar de bando para beneficio propio. También advierte de la llegada de tiempos oscuros si no se fragua la operación dada la confluencia de una "combinación de factores económicos" que ha propiciado la necesidad de adoptar "la más alta responsabilidad" de ampliar el capital social de la empresa, toda una eufemística declaración de intenciones para justificar la venta de patrimonio público por parte de aquellos que gestionan la ciudad desde 2007.

No es la primera vez que los responsables de la empresa municipal recurren al género epistolar para comunicar malas nuevas. Ya tienen por costumbre en torno al mes de mayo enviar una carta advirtiendo de la subida de aproximadamente 0,50 céntimos por aplicación de la Ley de Aguas de Andalucía para obras hidráulicas etéreas donde se culpa expresamente a la Junta. Sin embargo, optaron por el silencio cuando en septiembre aumentó el canon de mejora en más de tres euros por obra y gracia de los gestores de Apemsa. En esta ocasión, su capacidad literaria no les dio la soltura suficiente para escribir otra historia.

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