Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

El fin de la tradición

Un día alguien creó algo nuevo que se repitió hasta que alguien dejó de hacerlo. Así de sencillo

Apartir de qué momento algo se convierte en una tradición? ¿Cuántas veces hay que repetir un acontecimiento para que le demos tal categoría? Recuerdo cuando empezaron las barbacoas, que en poco tiempo ya eran las tradicionales barbacoas y ahora ni se hacen sin que nadie las eche de menos, no ha pasado nada: ni ha subido el nivel del mar, ni ha llegado una ola que lo arrase todo, ni el cielo ha mandado rayos y truenos. Lo mismo se puede decir de cuando se recuperó la Velada de los Ángeles: primero en San Carlos y luego en La Punta. Después desapareció sin pena ni gloria. Han desaparecido las tradicionales ninfas que se instituyeron en 1980 y no ha habido epidemias ni plagas, no ha aumentado el paro ni se han sucedido calamidades en la ciudad. Podríamos repetir los ejemplos. No va a haber más ostionadas, que empezaron delante de la Peña El Molino en le época de Carlos Díaz y luego se trasladaron a San Antonio. Cualquier día no habrá erizada (erizá, como gustan decir los zarzueleros) y se habrán acabado eso que llaman en los informativos los tradicionales eventos gastronómicocarnavalescos sin que pase nada. No hemos visto el llanto y el crujir de dientes en este valle de lágrimas. Amén.

Carlos Díaz mandaba a personajes famosos de la ciudad para renovar el voto a la Patrona. A Teófila le gustaba hacerlo ella misma y José María González ha terminado por dejar que lo haga cualquier religioso. Yo me levanté igual que me acosté , no he notado nada especial en la ciudad tras la ruptura de la supuesta tradición. Di una vuelta por el centro por si acaso y comprobé que las calles y las plazas seguían en su sitio. Algo parecido podemos decir de la entrega del bastón de mando del Nazareno, que desde que no se hace no ha ocurrido ninguna desgracia. Las tradiciones vienen y van. Un día alguien creó algo nuevo que se repitió hasta que alguien decidió dejar de hacerlo. Así de sencillo. Algún día alguien pensará que el actual Trofeo Carranza se ha convertido en un mamarracho y tendrá el valor de decirlo en voz alta para que la gente se dé cuenta. También alguien podrá decir que el actual Alcances es una vergüenza para el legado de Fernando Quiñones, si tiene valor para ello y no le preocupa que le lapiden en la plaza pública. Fernando creó una cosa maravillosa hace 50 años que otros se han cargado con tesón. Los juanillos son una porquería grande, los haga una asociación de vecinos o la Primera Familia disfrazados de perroflautas para la ocasión, tanto da. Tradiciones de paso todas ellas.

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