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Rey emérito. Aunque su figura institucional ha perdido competencias, quedando en nada desde que se despidiera de la vida pública, el cargo que mantiene suena solemne. Y además, como no podía ser de otra manera, tiene una historia detrás llena de páginas, muchas buenas, otras más opacas. Juan Carlos I ‘El campechano’, la figura de la transición, el del 23-F, el del “¿Por qué no te callas?”, el del andar inestable pero que tuvo buen porte, el rey que pidió perdón, el de las amistades con realezas poco demócratas y el que se volcó con Iberoamérica. El rey de todos. El que llenó a España de juancarlistas y cuya labor y figura ha ido desluciendo el paso de los años y los titubeos de su familia real. Ahora se ha tenido que buscar abogado aquel que nunca lo necesitó. No porque tuviera un proceder ejemplar, que no sabemos, sino por la inviolabilidad que le otorgaba la Constitución a su corona. La que ahora tiene su hijo, el Rey, con menos herencia pero más mochila.

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