¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Otra fiesta de la democracia

Anda la opinión pública (y publicada, como dicen los más avispados) un tanto molesta con esto del adelanto electoral. Se argumenta, principalmente, que los ciudadanos ya hicieron "su trabajo" al ir a votar el pasado 28 de abril y que ahora le tocaba a los políticos culminar tan ímprobo esfuerzo con la formación de un Gobierno estable, etcétera. Al leer y escuchar algunas opiniones cualquiera diría que aquel soleado domingo de primavera los electores cogieron un pico y una pala en vez de una papeleta antes de ir a comer a la casa de la señora suegra. Si, como se suele decir un poco de chufla, las elecciones son la "fiesta de la democracia", deberíamos alegrarnos de que el próximo 10 de noviembre tengamos un poco de diversión. Toca volver a votar y mejor es hacerlo con alegría de guateque que lamentándonos como vírgenes necias.

No pretendemos frivolizar. La repetición electoral es una criticable pérdida de tiempo en unos momentos en los que los nubarrones son cada vez más negros, con una crisis económica a las puertas que puede verse agravada por un panorama nacional e internacional enmarañado (Brexit, Golfo Pérsico, Cataluña...). Pero es mejor votar de nuevo que apechugar con un Gobierno que nos metía a Gabriel Rufián en la cocina. Recuerden los lamentos del lenguaraz charnego suplicando a Sánchez un Gobierno de progreso. A uno se le corta el cuerpo. De la propuesta de Rivera no hablamos porque fue el producto de un oportunismo sonrojante, cuando ya no había tiempo para nada, apenas para intentar una apertura ventajosa con vistas a la campaña electoral.

Las votaciones del próximo 10 de noviembre, insistimos, hay que verlas como una nueva oportunidad, aunque también es cierto que corremos el peligro de toparnos con unos resultados similares a los actuales. En ese caso... ya veremos. La política siempre tiene algo de patada hacia adelante y en estos momentos lo que interesa es salir de una situación inmanejable. Devolver la voz a los ciudadanos, aunque estén afónicos, es la única solución lógica. Sobre todo, no nos creamos ese cuento de un pueblo ejemplar y una casta dirigente absolutamente malvada. Ese es el inicio de todo populismo. Los políticos son el espejo donde nos reflejamos como sociedad. Es cierto que no nos gusta lo que vemos, pero es que somos así de feos.

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