Con la venia

Fernando Santiago

Una feria de pueblo

ANTES de que salte la jauría he de confesar que tomo prestado el título de este artículo a Yolanda Vallejo, que lo ha escrito antes. Así que reclamaciones al Maestro(a) Armero. Eso sí, estoy completamente de acuerdo. Eso que el Ayuntamiento ha llamado pomposamente Parque Temático no es mucho más que una feria de pueblo sin sevillanas, cosa que es muy de agradecer, por cierto. Chiringuitos de todo tipo, actuaciones musicales (qué bonito eso de "regata de coplas", los vellos de punta), casetas y una calle del Infierno. Vale, le han dado tickets para los cacharritos a algunos niños del programa de garantía alimentaria y entre las casetas hay alguna de la UCA aunque no vaya nadie. Pero nada invalida lo anterior. No hay albero ni caballos dejando su insoportable rastro como ocurre en las ferias de los pueblos de la provincia y la gente en lugar de llevar traje oscuro, corbata en forma de buche de paloma y pelo engominado peinado con la puerta de una jaula, iban con pantalones pirata y sandalias frailunas. Por si fuera poco, un lío de tráfico monumental y los muelles llenos, que es gratis y de lo que no cuesta, llena la cesta. Una batucada de Badajoz sustituía a la del Capitán Miranda que tantas niñas ennovió en 1992. Algunos actores ganándose la vida en recreaciones históricas en plan carnaval y poco más . ¿Cuál es la verdadera diferencia? Los grandes veleros y la cursilería. En las ferias de los pueblos no hay ninguna de las dos cosas. Los veleros de clase A le dan al puerto la imagen que suponemos tenía en el siglo XIX y Cádiz es muy de nostalgia. Por si fuera poco salen a pasear los guardiamarinas venezolanos, mejicanos o italianos y en Cádiz a las muchachas les gusta mucho un uniforme (no hay que repetir la rima fácil de Uchi y Vespucci). Incluso más que barcos lo que nos ha invadido estos días es la cursilería. Dio la salida el alcalde con un discurso escrito por un asesor a quien dios confunda (¿tu cuoque fili mi, Porqui?) que más parecía un pasodoble de comparsa chunga. Ni Bienvenido hubiera escrito algo así, por lo que deduzco que la pluma de Barcia está detrás. Genial lo de la puerta de embarque de las civilizaciones, signifique eso lo que signifique, que diría Millás. Los medios de comunicación no nos hemos quedado atrás: el barco más bello, entregada al mar, joyas flotantes, balcones al mar. Una epidemia cursi ha recorrido estos días la ciudad que ha servido, al menos, para diferenciarnos de la zafiedad de las ferias y su insistente olor a boñiga de caballo.

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