No creo en absoluto que nadie con un mínimo de sensibilidad o inteligencia (en determinados momentos viene a ser lo mismo) sostenga que Miguel Ángel Blanco no se merece un homenaje, como nadie puede no condenar su horrible muerte. Eso es lo importante. Es posible que no todos tengan la misma idea de cómo honrar su memoria y la manera en que involuntariamente se convirtió en un símbolo que empezó a marcar la derrota popular de ETA. Unos deberían haber tenido más delicadeza a la hora de solidarizarse con el sentimiento de sus compañeros y de buena parte del país, y otros podrían haberse ahorrado el furor y las descalificaciones a la hora de indignarse con quienes no coincidían con sus propuestas. Todos esos sensibles e inteligentes de hace 20 años que nombraba antes sufrieron con el salvaje crimen y se sintieron reconfortados por la reacción popular. Sigue siendo así, por favor.

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