La Justicia ha absuelto a Miguel Osuna en el 'caso Quality Food' y ha condenado a 10 años de prisión al empresario García Gallardo, pero el voto particular del presidente de la Sección Tercera de la Audiencia, Manuel Grosso de la Herrán, ha despertado un enorme interés, como ya ocurrió con las sentencias del 'caso de la Manada' y del 'caso Gürtel', por los votos particulares que emitieron sendos magistrados, discrepando abiertamente del criterio de sus compañeros de Sala, y como en Cádiz también se recordará por el caso del cura de Salesianos. La efectividad del voto particular respecto al fallo es nula, pero muchos jueces lo aplauden porque así el magistrado hace constar su opinión, lo que puede condicionar la jurisprudencia posterior. En cambio, otros tantos lo desaprueban, sobre todo si se argumenta por escrito -el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sí lo permite, aunque en los países de nuestro entorno es una excepción- porque es tanto como atentar contra la presunción de inocencia de una persona, aunque quede absuelta. En su opinión discrepar es tan saludable como necesario, pero si se hace público y notorio causa un daño gratuito.

Al ir más allá de la mera discusión por la argumentación jurídica y mostrarse en desacuerdo con el fallo -según Grosso de la Herrán, Osuna malversó en connivencia con el empresario- el presidente de la Sección Tercera difiere sin anestesia de sus compañeros, con lo que una pregunta flota en el ambiente: ¿cómo se entenderán a partir de ahora? Que tres magistrados de un mismo tribunal no sean capaces de llegar a un acuerdo es lo peor que le puede ocurrir a la Justicia y también a los acusados. Porque Osuna queda absuelto tras una eterna pena de banquillo, a la que ahora se suma una alargada sombra de duda rubricada con dicho voto, que a su vez pone en bandeja el recurso. Con ello, ni los condenados ni los absueltos estarán contentos. Si trasladamos el caso de Osuna a un quirófano, ¿qué pensaría un enfermo en manos de tres cirujanos que no se ponen de acuerdo sobre por dónde hay que abrir?

Cuando la opinión pública conoce que cualquier resolución de calado se resuelve en las más altas instancias jurídicas por 5 votos a 4, o por 4 votos a 3, se echa a temblar. Y cada vez es más frecuente que a las sentencias más sonadas se le sume un voto disidente, en muchos casos, más razonado y amplio que la propia sentencia, con lo que al final lo que tenemos es un galimatías. El juicio del proces ha servido para dignificar la Justicia, con un juez Marchena impecable. Pero, ¿qué ocurriría si en la sentencia unos jueces concluyen que fue rebelión y otros hablan de sedición o malversación? O se garantiza justicia para quienes se someten al imperio de la Ley o acabaremos locos y sin saber qué seguridad jurídica nos asiste. Cabe la opción, muy común en otros países, de informar que una sentencia no es unánime, pero sin formalizar por escrito las discrepancias, para evitar suspicacias. Al fin y al cabo, en caso de duda, se supone que a quien se debe perjudicar en última instancia es al reo. Esta reflexión lleva a muchos juristas a considerar el voto particular envenenado y peligroso. Lo grave para Osuna es que siempre quedará quien piense, y más en este país, que algo habrá hecho.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios