La dimisión de David Navarro como concejal de Adelante Cádiz llegó en el momento de pasar más desapercibida: en el fragor del verano. Aunque era el concejal de Playas, entre otros asuntos. Tampoco olvidemos que no era un concejal más, como otros que se fueron o no repitieron en las listas, sino que en el primer mandato de Kichi fue el principal apoyo del alcalde. Se podría decir que el único, ya que los demás le sirvieron de poco. A Martín Vila se lo encontró, procedente de IU, y se había presentado en otra lista, la de Ganar Cádiz. Entre las bajas de 2019, se puede recordar a María Romay, que cumplió una aceptable labor de relaciones públicas con las Fiestas. Para los cambios, fichó a Lola Cazalilla, con más pretensiones culturales, y le dio galones a los asesores colocados.

A David Navarro nunca se le vio como un podemita típico. Quizás porque venía condicionado por leyendas urbanas, y algunos lo consideraban como un arrepentido del PP, o algo así. David era de los pocos que sabía sumar, restar, multiplicar y dividir en la lista que formaron. Así le encargaron altas misiones, como los presupuestos y vender el hotel del estadio Carranza. Misiones imposibles, según se vio; aunque lo intentó.

Se ha desencantado, según dice. Es normal. Y no por perder protagonismo (mantenía delegaciones que harían felices a otros), sino porque el hastío deriva de la sensación de agonía que transmite el kichismo. Puede que algunos se sintieran ilusionados al principio, y que incluso creyeran que en el segundo mandato harían lo que no pudieron en el primero. Pero ya se ha visto que no harán nada, excepto cambiar nombres propios, crear comisiones de amigos y otras pamplinas. La decepción entre los suyos es evidente. Han fracasado en las políticas sociales, que fue su bandera. La persona que debía relevar a David Navarro era Isabel Fernández, que ha renunciado. Entrará Rocío Sáez, que es del PCE, del sector de Martín Vila, que le birla un concejal al sector anticapi, en plena bronca de Adelante.

El kichismo está en descomposición. El líder tiene fecha de caducidad en 2023. Entre los suyos, no se ve a nadie con capacidad para volver a dar coba a la gente. Seguir ahí es perder el tiempo. Por ello, entiendo que David Navarro no esté dispuesto a más esfuerzos inútiles, además de sus motivos personales, que son suyos y respetables. Le queda el consuelo de haberlo intentado.

La estrella política de David no sé si se ha estrellado. Pero la estrella de David ilumina el camino: el kichismo va de recogida.

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