Con la venia

Fernando Santiago

La estación pija

Aveces tengo la sensación de que los pijos están escondidos todo el año y solo salen en verano. O que están preparándose en alguna universidad extranjera, en alguna sala de masajes, en algún salón de rayos UVA, en alguna tienda de náuticos y polos, en alguna oficina de productos financieros de alto riesgo, y en verano salen de sus chaleres en Vistahermosa y en Sotogrande para exhibir su moreno reluciente, sus rubias cabelleras y su indumentaria con las últimas tendencias de la moda. Porque los pijos para eso son muy suyos: aunque vayan de trapillo es un trapillo de moda , no cualquier cosa. Si un día deciden que hay que ir de  piojitos pues se lleva la ropa de mercadillo con naturalidad y elegancia, que para eso hay que tener percha y varias generaciones de pijerío a cuestas. A los impostores se les ve a la legua. Es como los maestrantes: ocho apellidos pijos, varias generaciones de Los Remedios, Pozuelo, Barrio de Salamanca, Neguri, o avenida Alcalde Álvaro Domecq. Unas veces es un campeonato de polo (qué raro que no hayan puesto un campo de polo en Vistahermosa, con lo que allí gusta copiar a Sotogrande), en una fiesta todos de blanco, en una regata de veleros clásicos o en lo que sea menester. Allí salen a mostrarse con su ropa casual, que para eso estamos en verano. Todo desenfadado pero  con clase, nada de chusma, ningún mamarracho, nada de populacho. Igual están más tiesos que la mojama, es posible   aunque raro, que lo hayan perdido todo en cualquier hundimiento bancario. Pero hay que sacar pecho: ¡dientes, dientes! Que diría la Pantoja.

Me encantan esas páginas vip en revistas y periódicos donde los famosos se divierten y se muestran impúdicos  para que todos veamos que aún hay diferencia de clases, que siempre ha habido pobres y ricos, que a ellos no les afecta la retirada de los 400 euros de ayuda a los parados sin subsidio ni les han retirado una paga de Navidad. Que el copago farmacéutico o el aumento de la ratio por aula no va con ellos porque en el Centro Inglés o en los colegios del Opus esas cosas no cuentan en realidad. Qué tontería. Eso de los colegios concertados es para chusma que se quiere dar pisto como si fueran auténticamente pijos y en realidad son como los de los colegios públicos pero con complejo de inferioridad. Los recortes, los rescates y la prima de riesgo son tonterías. Donde se ponga un cóctel bien servido en un afamado club de Yates (para eso no hay nada como Marbella y Sotogrande, que lo de Puerto Sherry es un poco cutre) con gente de postín, debidamente morena de navegar o jugar al golf, que se quite lo demás. Pelos engominados o cabelleras sueltas a lo Justin Beiber para los hombres (estas últimas para los vástagos de la estirpe) y gomina para los caballeros,  melenas al viento para ellas bien sea con  teñido con mechas california o corte bob, que tanto da. Pero hecho por los mejores peluqueros de Madrid  y Sevilla, que en Cádiz no hay nada de eso.

En definitiva, los pijos a los que les gusta mostrarse, porque es la única manera de que los tiesos veamos qué se lleva ahora en la alta sociedad. No se pierdan las revistas y las páginas especiales de los periódicos. Se aprende mucho.

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