el catamarán

Rafael Navas Renedo

No se enteran

CUANDO se dice que la clase política española vive en otra onda o que los ciudadanos están hasta el gorro de los políticos (Chamizo's copyright) no es por capricho, costumbre, casualidad o falta de imaginación. No. Se piensa y se dice esto porque los propios políticos lo corroboran cada día con sus acciones y decisiones. Porque el negocio o chiringuito que tienen montado (hay excepciones) no se tambalea mientras sí lo hacen todos los demás, incluidos ya hasta el de los bancos.

El ciudadano de a pie que sufre las consecuencias de la crisis comprueba a diario que la vida dentro de la burbuja política permanece inalterada e inalterable, como si las siglas de un partido ejerciesen de paraguas protector ante el chaparrón que ya cala hasta los huesos a miles y miles de personas que no tienen la suerte de pertenecer a tan selecto club.

Viene todo esto a cuento de los últimos nombramientos de altos cargos en la Administración. Si hace unas semanas nos sorprendía que una hija del eurodiputado Willy Meyer, de IU, fuese colocada en la Junta como nueva secretaria general de Vivienda, justo ahora que la coalición ha pactado con el PSOE y ha llegado al Gobierno andaluz, hace unos días nos enterábamos del nombramiento de un hijo del dirigente socialista roteño Felipe Márquez (hoy griñanista) como nuevo director de la Agencia Andaluza de la Energía, un ente del que, a todas luces, depende el futuro de nuestra comundad.

Nadie duda de la valía ni de la preparación ni de la predisposición de los dos mencionados jóvenes altos cargos. Será igual que la de miles de jóvenes andaluces que se han formado como nunca antes se había podido hacer en este país, pero con tan mala suerte de acabar sus carreras en medio de la mayor crisis que se recuerda. Jóvenes sin carné que se tendrán que ir a vivir fuera o quedarse a trabajar aquí en el mejor de los casos en profesiones para las que no se formaron y, casi siempre, con remuneraciones muy por debajo de lo que exigiría su alta preparación.

Ya lo sé. Los dos citados tienen el mismo derecho a trabajar y ser 'hijos de' no debe ser un hándicap para ellos. Esto es demagogia, me dirán. Pues no. Demagogia es decir en estos casos que decir esto es demagogia. Sucede que, lo siento, han sido nombrados a dedo, por decisión política. Y eso, hoy, precisamente ahora, no contribuye a que los ahogados ciudadanos, a los que cada día se exigen más esfuerzos, entiendan a sus representantes. Esos que, curiosamente, cuando dejan un cargo tienen otro esperándole (véanse Bibiana Aído o Leire Pajín) para desesperación de miles de personas que ya no saben dónde buscar un trabajo. Y que no se escabulla el PP, que es experto en alimentar los cementerios de elefantes. Será que estamos muy sensibles, con tanto profesional parado.

O será la envidia, que es muy mala.

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