El Palillero

El encuentro

Ha merecido la pena esperar tanto tiempo. Anunciaron cosas que ya no recordaban ni los más viejos del lugar

Espectacular ha sido el encuentro entre el alcalde de Cádiz, José María González Santos, y la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en la primera visita institucional de esta señora al Ayuntamiento de Cádiz. La primera, sí, a pesar de que se encuentra a poco más de 100 kilómetros de su despacho de Sevilla; y hay un puente nuevo para llegar antes, por si alguien no se ha enterado todavía, y luego se quejan de los anuncios. Pero ha merecido la pena esperar tanto tiempo. Ayer anunciaron cosas que ya no recordaban ni los más viejos del lugar. Aunque otras sí, pues estamos curados de espantos; y cuentos hemos oído muchos.

La señora Díaz, a su llegada a la plaza de San Juan de Dios, fue recibida con la proverbial hospitalidad que un grupo de parados, indignados y cabreados en general dedica a las protocolarias visitas de los presidentes de la Junta, cada vez que vienen a Cádiz para lo que sea. Es decir, fue recibida igual que Manolo Chaves y Pepe Griñán. Aunque puede que se sumaran algunos sanchistas camuflados. Un día de trabajo agotador para los guardaespaldas y otras personas con gafas de sol que pasaban por allí. A Chiqui Jiménez Barrios y a Fernando López Gil también les dedicaron algunos abucheos, los pobres míos. Al menos, no acudió ninguna comparsa, a cantar a Susana esos sentidos pasodobles que le dedican en el Falla. Que no son piropos, pues ya están pasados de moda por ser machistas.

Superado el primer cordón policial (lo que no es tan fácil como parece), la señora Díaz pudo acceder al interior del Ayuntamiento sin pasar por el escáner. Allí la aguardaba nuestro alcalde, esta vez con el look de señor González Santos, nada de Kichi; esto es, de alcalde con todos sus avíos, incluso la chaqueta y la corbata, esas prendas chungas e incómodas que tanto os gustan a los capitalistas como ustedes para las bodas y otras ceremonias solemnes. Sin contar a los capillitas, que las usan como uniformes de paisano. Pues así la recibió él, para que no se diga que es un desastrado. Aquí no se dice, por supuesto.

A partir de ahí, analizaron esos temas que les ocupan y preocupan. No se sabe lo que pasó allí. Pero, al salir, fue milagroso. Susana se empachó de promesas. Van a levantar la Ciudad de la Justicia, y van a dar dinerito para el Museo del Carnaval y para el Teatro Romano, y abrirán la nueva estación de autobuses, y construirán el carril bici, y muchas cosas más. Al fondo, se oyeron unas risitas de jijiji, muy turbias y sarcásticas, como en los teleprogramas de humor. ¿Era el día de la risoterapia? Bueno, señoras y señores, relájense un poco. A ver si es verdad.

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