¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

El empleo bien, los empleados mal

Las cifras del paro en mayo han sido buenas, mucho más buenas de lo habitual, incluso para un mes que tradicionalmente derrocha empleo en una Andalucía que ha sabido hacer de sus fiestas populares y tradiciones, empezando por la Semana Santa, una de sus principales industrias. Algunas cifras son, incluso, espectaculares: la región ha alcanzado su récord histórico de afiliación a la Seguridad Social, ha creado más de 31.000 nuevos empleos y el paro se ha reducido en 18.000 personas. Sin embargo, todavía estamos lejos de los alegres noventa y nuestra economía tendría que generar 200.000 puestos de trabajo para llegar al nivel de hace doce años, algo que probablemente nunca se alcanzará, si hacemos caso a los más cenizos.

Una de las principales dudas que se plantean al observar estas cifras es en qué medida ha pesado el llamado gobierno del cambio en la evidente mejoría. Muchos hablan de un nuevo espíritu, de un optimismo generado por la llegada a San Telmo del PP y Ciudadanos (apoyados por un cada vez más malhumorado Vox). Si, como se suele repetir hasta la saciedad, la economía es un estado de ánimo, este nuevo espíritu efervescente que ha traído a Andalucía Juanma Moreno se ha tenido que contagiar a nuestra clase empresarial, que vuelve a descorchar el alegre Moët y a empujar para arriba los gráficos del INEM. Sin embargo, no son pocos los pensadores liberales -Guy Sorman es uno de ellos- que suelen minimizar la verdadera influencia de los gobiernos en la marcha real de la economía, más si se trata de uno regional. En este caso, las causas de este florido mayo habría que buscarlas casi exclusivamente en un boom turístico que, como dijo recientemente el economista Jesús Crespo, empieza a "burbujear". Dios nos libre.

En medio de tanta euforia, sin embargo, volvemos a toparnos con los dramas de la temporalidad y la precariedad. Nuestro empleo es un Guadiana que, además, está contaminado por cuestiones como los falsos autónomos o los bajos sueldos, lo que produce una sociedad más desigual y, por lo tanto, más vulnerable a toda clase de algas tóxicas políticas y sociales. Sólo las peculiaridades sociológicas de Andalucía y un Estado del Bienestar que, pese a sus muchas deficiencias, funciona aceptablemente bien han conseguido que el rencor no se convierta en argumento. Incluso los que votan a Kichi, no lo duden, lo hacen por alegría, no por venganza.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios