El palillero

José Joaquín León

Las edades del Trofeo

DESDE el siglo pasado, se suele decir que el Trofeo Carranza ya no es lo que era. Con eso se recuerda que el Trofeo padeció una crisis de identidad apenas cumplidos los 25 años. Desde la década felipista de los ochenta dejó de ser joven, ya no se veía igual de atractivo. Ahora, cuando es sexagenario, el Trofeo tiene una edad como para pedir la jubilación anticipada. Pero viendo que el Ayuntamiento del alcalde González ha reducido la subvención como nunca se le ocurrió a ningún otro alcalde (debido a que en Cádiz hay más pobres que jamás desde el tiempo de los fenicios), tampoco se va a jubilar el Trofeo para que le quede una miseria de paguita en la hucha rota de las pensiones. Así que está buscando nuevas fuentes de sustento. En realidad, intenta superar la crisis de identidad con segundas oportunidades.

En esas ya estaba, cuando aparecieron Manuel Vizcaíno y Quique Pina, que en los últimos años ensayaron diversas fórmulas de ayuda y autoayuda, consistentes en que jugaran el Atlético de Madrid, el Cádiz y dos más, que no siempre fueran el Sevilla, el Granada y otros clubes amigos. Mientras esto ocurría, en las televisiones privadas y canales futbolísticos diversos se veían partidos de pretemporada glamurosa, como Real Madrid-París Saint Germain o Real Madrid-Bayern Munich, o Barcelona-Leicester y Barcelona-Liverpool, que no hubieran resultado nada mal en el Carranza. Hubieran permitido evocar aquellos años remotos, cuando el Trofeíto era un pipiolo y alternaba con Di Stéfano y Kubala.

Como los tiempos cambian una barbaridad, esos partidos de equipos de primer nivel en la pretemporada se denominan ahora International Champions Cup. Conseguir que el Trofeo trinque algunos partidos de esos (o de otros parecidos) sería un gran éxito. Por el momento, se ha recurrido a La Liga World, que ha traído al equipo de las Estrellas de Nigeria, y a la televisión de Gol, que lo retransmite para todo el que lo quiera ver. No obstante, para abarrotar el estadio, se necesitan otras medidas y alicientes.

Afianzar el Trofeo en los próximos años es imprescindible. Por decirlo sin tapujos, lo que se está buscando es como un matrimonio de conveniencia (vulgarmente conocido como braguetazo) con una patrocinadora millonaria, que aporte su apellido inglés y su dinero en mano, a cambio de la prestancia noble y señorial de este Trofeo, la que tuvo cuando fue joven y se lo creyó.

En ello trabaja Manolo Vizcaíno. Téngase en cuenta que las segundas oportunidades no resultan sencillas a ciertas edades.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios