La división que divide

A Pedro Sánchez no le echa cuenta nadie ni le echan las cuentas de su gasto y eso es lo que más cuenta le trae

Acostumbrados a lo cuantitativo, a las hojas Excel y a «lo que importa es la economía», la derecha se preocupa por la división de sus votos. Es un problema que se calcula muy rápido. Quitando quizá el Senado, para el Congreso en realidad la división de la derecha termina beneficiándola en la mayoría de las circunscripciones. Hay vídeos bastante simples explicando cómo funciona la ley d'HOnt y que la división de los votos de derechas termina por arañar más escaños casi siempre.

¿Quiere esto decir que la división multiplica? No en lo más serio, que no son esos restos numéricos. La división que está haciendo daño a la derecha es la mediática. Estén atentos a ésa, porque es la que regala a Pedro Sánchez toda la ventaja.

Mientras las llamadas tres derechas (que es una y media y un centro y medio) se destrozan, lanzándose sin parar dardos letales unos a otros por arrancarse unos pocos votos, Sánchez va suelto, libre de crítica y vigilancia. ¡Qué diferencia con el período exactamente anterior a la convocatoria de elecciones! Entonces todos los ojos estaban pendientes de él y de sus políticas que es, a la vista de cómo son, lo que menos le conviene.

Estaban pendientes los partidos, sí, pero también los medios de comunicación de derechas o asimilados. Ahora toda el esfuerzo periodístico y opinativo está volcado en revolcar a los otros del mismo bando. Lo mismo puede decirse de las redes sociales, enredadas en disputas y banderías, y en la opinión pública.

Por el bando izquierdo, Sánchez no padece crítica de Podemos que se ha bajado de la oposición al PSOE para soñar con apoyarlo, en el mejor de los casos. Las visitas de Pablo Iglesias a La Moncloa y el movimiento hacia la izquierda de Pedro Sánchez les han creado un clima confortable, de complicidad mutua. La única oposición en la izquierda era la del PSOE y la ha laminado aprovechando también la convocatoria de elecciones y el inmenso poder interno que da decidir quién va en las listas y quién no.

Los nacionalismos, ¿cómo van a criticar a Sánchez? ¿Son tontos, acaso?

Más que listas unitarias o que se retiren unos u otros, urge que los partidos de la oposición tomen conciencia de que, por muy partidos que sean y estén, tienen que hacer, sobre todo, oposición. El control democrático a Pedro Sánchez nos hace mucha falta. Ahora y para las elecciones que poco a poco, entre follón interno y jaleo mutuo, están cada vez más cerca.

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