El Palillero

José Joaquín / león

Los disfraces del alcalde

ALGUNOS guiris y veraneantes, que circunstancialmente pasan por la ciudad de Cádiz, dicen que no entienden nada. Menos aún de política, tras enterarse de que aquí es alcalde Kichi de Podemos, al que cierta prensa facha ha dibujado como un demonio. Pues sepan ustedes, señoras y señores, que esto no es exactamente así. El alcalde de Cádiz se llama José María González Santos, y es conocido como Kichi por su nombre artístico. Dicen los suyos que no se le concedió ni un solo día de gracia. Y tienen parte de razón, porque desde la investidura llamó la atención. No por sus proyectos, sino por el disfraz de alcalde hombre blanco de Colón. Si el hábito hace al monje, los disfraces hacen a nuestro alcalde. Hay que entenderlo bien: Kichi no se viste, sino que se disfraza.

Estos son algunos de sus tipos:

Alcalde recién salido de Eutimio: Es el disfraz de gala, con chaqueta y corbata. Se le ha visto en rarísimas ocasiones, casi todas legendarias. Se cuenta que ha asistido así a bodas (civiles, por supuesto) y alguna ceremonia. Una vez parece ser que apareció con corbata en un pleno municipal. Fue un golpe de efecto muy bueno, pues el portavoz del PP iba con una camisa algo arrugada.

Alcalde cantaor sin dar el cante: Se dice de las veces en que aparece al modo de un artista flamenco, con chaqueta, pero sin corbata. Arreglao, sin pasarse de pequeño burgués. Lo ha usado para actos en el Ayuntamiento y eventos en los que no quería dar la nota, de modo discrecional e imprevisible. También ha acudido así al fin del Ramadán y algún que otro acto del Nazareno.

Alcalde que pasaba por allí: Dícese de cuando acude a actos en plan informal, con sus vaqueros y su camisa o polo (no de marcas pijas), como si lo hubieran llamado mientras hacía unos mandados. Se le vio este disfraz en la inauguración de la Harinera de Vilafranquina, en la Zona Franca, rodeado por la ministra Fátima Báñez, vestida de ministra en funciones principales, y de otros del PP, esta vez vestidos de PP en serio.

Alcalde leñador: Es la versión más country, con matices heavy. Aparece, opcionalmente, en momentos inesperados, de modo que lo mismo le puede tocar a un cónsul, un banquero, un rector universitario o un sindicalista encerrado. Aporta un matiz campechano a las fotografías, ya que la gente se pregunta dónde está el alcalde y quién es ese señor con pinta de venir de camping.

Con estos disfraces (y algunos más, como alcalde hincha amarillo, o alcalde penitente) se va matando el gusanillo de no cantar en la comparsa. La vida es como un Carnaval.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios