Le digo ven

Pocas veces hemos estado tan por debajo de nuestras expectativas como pueblo, como Estado y como Nación

Tengo hijos fuera, y nietos. Y las ganas repartidas de venir y de que vengan. Normal. Como las familias españolas todas. Pero nos dicen que mejor no vengan. Porque puede que, por venir, no haya otros años de encuentros por Navidad. Aquí nos cuidamos todo lo que podemos. No salimos sino poco tiempo cuando es imprescindible, hacemos lo que nos aconsejan. Las distancias, las manos lavadas, las mascarillas. Comer sano, beber poco. Todo así: tasado, medido. Pero oímos de allí y de aquí. Y vemos la televisión, oímos la radio. Leemos los periódicos. Y nos horroriza Buenos Aires, y Nápoles. Y nos horrorizan esas grandes calles comerciales de España atestadas de gente que no puede aguantar más en sus casas, que se siente obligada a salir y a jugar a la ruleta rusa. Junto a personas solidarias que van a hacer compañía a ancianos solos. Todo viene revuelto, la solidaridad y la insolidaridad, la sensatez y la irresponsabilidad. Hasta que logremos la inmunidad de rebaño o la solución de las cuentas de las pensiones por el procedimiento expeditivo de la muerte de septuagenarios y octogenarios; el Covid-19 puede lograr ese milagro, solucionar el Pacto de Toledo. Y la política, que pocas veces como ahora parece algo tan odioso y tedioso y repulsivo. Centenares de miles de contagiados, decenas de miles de muertos y estas peleas por cualquier cosa. Pocas veces hemos estado tan por debajo de lo que se esperaba de nosotros, como pueblo, como Estado y como Nación. Porque se aprovechan de que el Pisuerga pasa por Valladolid para esta Ley de Educación que será cambiada, otra vez, cuando llegue la alternancia. Y ahora llega la Eutanasia y, quién sabe, los derechos a decidir el suicidio de España, las votaciones para la constitución de las republiquetas que sueñan algunos con el sueño de la razón que engendra los monstruos habituales e hizo exclamar a Gil de Biedma su famoso verso sobre la historia que siempre acaba mal. Son muchas otras cosas en las que te ponen a la derecha extrema o a la izquierda extrema cuando lo que tú quieres es vivir según la Constitución y las leyes. Y que vengan los hijos y los nietos, poder reunirnos, estar bien y desearnos un próspero y feliz año nuevo, que llegue el próximo nieto, que haya paz en nuestra queridísima España y destinen al obispo de la diócesis a otra diócesis, donde ojalá tenga más fortuna. Por poner un ejemplo de lo doméstico, que hay muchos otros. Es lo que nos ha tocado, nos está tocando. Decirle ven o pedirle que no venga para que lleguen los años venideros. El dilema.

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