La azotea

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La dignidad del pistolero

A algunos de los que leen esto tal vez les dé igual saber que hace unos días murió González Ledesma. A otros les pellizcará que el comisario Méndez no vuelva a hablar. Otros, unos muchos cuantos, rememorarán con ternura las novelitas de Silver Kane.El caso es que hace unos años pude entrevistarle (a González Ledesma, a Méndez, a Silver Kane). Hablamos de su primera época en Bruguera, cuando de joven trabajaba allí como abogado. Ganaba una pasta, pero él se sentía fatal porque a sus "amigos, los autores y dibujantes, les hacía firmar unos contratos de mierda". Y un día no pudo más y lo dejó. Tenía unos cuantos críos y tuvo que empezar a a ganarse la vida escribiendo novelitas del oeste como churros. "Al fin -le dije, por decir-. Todo es cuestión de dignidad, de poder mirarse al espejo". Y el hombre se echó a llorar. Pero a llorar de pañuelo. Es curioso -me comentaba luego un amigo-, qué bien envejecen los hombres buenos.

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