Fuera de cobertura

jesús / ollero

Entre la diferenciación y el bucle

LAS campañas suelen pretender amarrar el voto propio y rascar el máximo del ajeno. Los indecisos van por libre y son el anhelo de todos y la abstención, esa masa aforme e ignota, directamente se obvia. Y con ese panorama tan habitual y el añadido de captar al cabreado, la campaña en redes amenaza saturación y bucle. Trayectoria en círculo desde todas las tendencias. Y en general, círculos estancos.

Los partidos de siempre han optado en el arranque de la campaña por el clasicismo más ortodoxo y aburrido: #Vota(tal) más el lema de campaña (#EspañaEnSerio y #ElCambioQueUne). Curioso que en las elecciones que se presuponen más abiertas e impredecibles se tire de lo más elemental, clásico y, me permitan, superado. Directo sí es, pero lo ha sido siempre. Y el siempre no está claro que juegue a favor esta vez.

Los partidos nuevos, emergentes, cool, etc, están mejor organizados en redes pero, a la hora de la verdad, no guardan una línea homogénea en sus tags. Podemos ha optado de salida por #PodemosGanarElFuturo, perfectamente hilado (como casi todo lo que hacen) con su marca y Ciudadanos va y viene con las consignas. Sus líderes actúan por el estilo, y las más de las veces sin etiquetar términos.

La carrera electoral no es exclusiva de España. De hecho este fin de semana hay comicios en Venezuela y Latinoamérica está plagada de procesos en curso, así que ojo con el etiquetado y las estrategias. Sintagmas básicos como #EleccionesGenerales o #EleccionesGenerales2015 directamente no valen. Porque se cuelan como churros usuarios, consignas y mensajes del otro lado del charco. Ruido, en definitiva.

Pero no deja de sorprender lo poco que se usa #20D, fácil, intuitivo y españolamente exclusivo. Se sostiene que los hashtags largos funcionan mejor, y el funcionamiento de Twitter lo corrobora, pero igual resulta más rentable pensar en que lo recuerde el usuario y en cómo cruzar públicos para rascar que en las tendencias y en esa obsesión por diferenciarse. Tanto, que se corre el riesgo de no salir del bucle.

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