el agregao de la Ucci

Bernardo / Del Madroño

No es mi día

MENOS mal que hoy acaba la Feria porque mi estómago está cada vez más resentido. Tenga vd. en cuenta que llevo comiendo serranitos, pimientos, tortilla y pinchitos desde el martes. ¡Qué echo de menos un buen cocidito madrileño o una mala sopa de sobre de Avecrem!. Y ya no me cabe más rebujito en este cuerpo serrano. Vd. pensará: "Pues en El Puerto hay mucha variedad de comida". No se lo niego pero, como bien sabrá, yo soy de los que van sin sacar la de Ubrique por lo que me tengo que conformar con lo que me inviten. Y sí, todos te dicen: "Bernardo, vente con nosotros a tomar una copita y una tapita". Pero del rebujito y del pimiento no pasan. En el fondo, por aquí hay muchos que son de la hermandad del puño. Ayer, fue el primer día que me agobié en la Feria. Qué de gente, qué de caballos, qué de empujones, qué de todo...El día comenzó mal. Un amigo del Ayuntamiento me dejó un pase para entrar en aparcamiento VIP de la Feria. Yo iba feliz con mi coche alquilado para disfrutar de uno de los pequeños placeres de la Feria pero el vigilante me bajó de la nube. "No hay sitio", me dijo. "¿Cómo?. Si son las dos de la tarde.", contesté. Pero obtuve la respuesta: "Es que llovió tanto ayer que el aparcamiento está de barro hasta arriba así que mejor que se busque otro sitio si no tiene un todoterreno para ir al París-Dakar". En fin, tuve que ir al aparcamiento frente a la no portada donde me clavaron cuatro euros. Vamos me sale más barato aparcar en el barrio de Salamanca de Madrid que en la Feria de El Puerto. Mi idea era estar un rato en la Feria y, después, irme a los Toros. Ya lo dijo Joselito el Gallo: "Quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es un día de toros". En esta ocasión era una novillada pero si un maestro dijo eso habrá que hacerle caso. Así, cogí el coche alquilado y me fui al coso taurino pero me encontré con la suspensión del festejo porque la Plaza estaba peor que el aparcamiento de la Cruzcampo. El de ayer no fue mi día. Me tuve que conformar con pagar otros cuatro euros y comer otro serranito acompañado de rebujito. Triste miseria la mía.

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