Es la democracia, esnobs

Se pueden dar mil explicaciones y hacer mil mohines, pero la explicación de Vox es la democracia

Además de los cálculos de las sumas y restas de los pactos mutuos, ahora empezarán los sesudos y preocupados análisis del éxito de Vox. Que si la talla menuda de los líderes del PP y de C's, que si el efecto arrastre, que si los errores tácticos de Susana de darle protagonismo, que si el follón catalán, que si, que si… Que sí, que todo eso suma, claro, pero la clave está en lo que se avisaba desde esta columna de estagirita cuando titulaba mis viejos artículos con el juego de la «Vox que clama en el desierto».

Fue y es una cuestión de representatividad, que es la clave de nuestro sistema democrático. Hay grandes bolsas de opinión y de principios que no estaban representadas en el arco político de nuestra democracia por nadie, y parecían incluso proscritas del debate público. Desde la creciente demonización de la mitad masculina de la población por la invasiva ideología de género, que tampoco gusta a la mayoría de las mujeres, hasta el arrinconamiento de realidades tan nuestras como la caza y los toros. Sólo había que calcular el tanto por ciento de la opinión pública que prefiere la cadena perpetua para los crímenes más horrendos, el tanto por ciento de personas que consideran que las autonomías son un dispendio económico y un desbarajuste político, el tanto por ciento cansado de la irrisión de la soberanía y los símbolos nacionales; y, una vez calculados esos tantos por cientos, comprobar quién los representaba. Esto último era más fácil: nadie.

Así que lo que explica a Vox y su éxito es la democracia representativa, sí, la democracia, por mucho que lo intenten tapar con insultos y miedos sobre la derecha extrema y la extrema derecha. Si ningún partido defendía cosas que muchos ciudadanos creen, era cuestión de tiempo que surgiese un partido que diese voz a esos ciudadanos.

Desde luego, el titular podría ser que la derecha sale del armario, y ha salido para siempre y para el resto de España, pero eso sería analizar el fenómeno desde un lado nada más del espectro político. Visto desde arriba y para todos, lo más importante es la victoria de la democracia. Hubiese estado falseada si unas corrientes de opinión muy poderosas en la sociedad hubieran seguido acalladas o instrumentalizadas por otros partidos que las buscaban en las elecciones pero las traicionaban en las legislaturas. Así que menos mohínes de repulsa y más alegría: ¿no era la fiesta de la democracia?

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